domingo, 19 de agosto de 2012

"Cuñados" Capítulo 33


No ha sido un muy buen día, así que cero ganas de hablar...
Capítulo dedicado a @angelaliter primera en firmar!
Besos!
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La desvistió con exquisita complacencia, quitándole cada prenda con un acompañamiento de besos en la piel. Cuando le bajó las braguitas, sus besos fueron más profundos e insistentes mientras su boca recorría la parte interior de su muslo hasta que ella gimió y echó la cabeza hacia atrás, temblorosa por la imprevista experiencia. La chica lo tomó del cabello y ahogó un grito. Cuando Lali estaba casi al borde de un frenesí total, Peter se puso de pie. Con suavidad la llevó hacia el diván y la tumbó. Mientras él se desvestía, ella lo contemplaba.
Una vez desnudo, Peter se paró frente a ella, su piel brillaba como la seda. La ardiente mirada de Lali admiró los músculos de sus muslos y su virilidad el estómago duro y, más arriba, el pecho y los hombros anchos. Parecía una espléndida creación enviada por los dioses para complacer sus deseos más vergonzosos e inexpresables.
Mientras se inclinaba sobre ella. Lali abrió los brazos, y extendió los dedos como alguien que pide alivio. Con cuidado, él relajó su cuerpo moreno y flexible junto a ella y Lali, con ansia, le cubrió la boca con la suya. Con la mano derecha, Peter la empujó del trasero para acercarla más, haciéndola sentir la exuberante Lali de su sexualidad sobre su muslo. Los senos estaban apretados contra el pecho de Peter, los pezones hinchados y ansiosos. El olor y el sabor de él inflamaban los sentidos de la chica. Lali levantó una pierna, y comenzó a deslizar la pantorrilla hacia arriba y hacia abajo del muslo de Peter.
Un gemido casi animal salió de su garganta y apartó su boca de la de ella.
—¡Te quiero, Lali! —exclamó en voz baja.
Sintió una creciente frustración cuando él seguía atormentándola con la boca y la lengua, en vez de poseerla, pero entonces, se dio cuenta de lo que él quería. Se movió hasta quedar sentada ahorcajadas sobre él; las rodillas al nivel de su cintura. Él alargó las manos para cogerla de los hombros e hizo que se inclinara hacia delante sobre el diván; los senos, como fruta madura a punto de caer, estaban a unos centímetros de la cara de Peter. Mordió uno de los pezones y se deleitó en una complacencia erótica, que a ella la hizo jadear de manera incontrolable. Le rodeó la esbelta cintura con las manos, las deslizó hacia sus caderas y con suavidad comenzó a levantarla. Cuando la boca de él solió el seno, Lali se enderezó y comenzó a temblar por anticipado.
Sus movimientos no tenían nada que ver con la experiencia, los dictaba el instinto y la necesidad apremiante. Cuando la bajó con lentitud, Lali se inclinó en medio de sus piernas para dirigirlo. La posesión lenta envió fuego a sus venas y pequeños gemidos de placer escaparon de sus labios entreabiertos. Peter le frotó los pezones con los dedos.
Perdida en un océano de sensualidad, Lali comenzó a surcar las olas de su propia pasión. Debajo de ella, Peter de pronto gimió de placer y su cálida esencia se desbordaba en sus músculos contraídos. Arqueó la espalda, echó la cabeza hacia atrás y gritó con incredulidad mientras los espasmos continuaban. Con los ojos abiertos de par en par, jadeante, comprendió que él aún no había terminado ya que sus manos seguían apretándola y sus caderas se levantaban, y empujaban cada vez más profundo y rápido.
Cuando alcanzaron el clímax, ella estaba exhausta aún a horcajadas sobre él, su frente húmeda estaba apoyada sobre el pecho varonil. Con suavidad le levantó la cara para besarla en la boca, con ternura.
—Estoy agotada —al fin se enderezó poniéndole las manos en el pecho—. Siento como si hubiera corrido una maratón.
—Eres competente. Excepcionalmente competente —la miró con una sonrisa de satisfacción en la cara.
Su placer ya estaba satisfecho. Sin duda, su antigua auto recriminación pronto vendría a visitarla.
—¿Qué quieres decir con eso de «excepcionalmente competente»? ¿Mejor que tus otras mujeres?
—Mucho, mucho mejor —arrastró las palabras—. De las mujeres que he conocido, sin duda tú eres la más apasionada.
Al ver el brillo de burla en sus ojos, toda la magia desapareció. Era una cretina y él se estaba riendo a costa suya. Se apartó de él y puso las piernas en el suelo.
—¿A dónde crees que vas? —le sujetó el brazo con la mano.
—A vestirme —lo miró con amabilidad—. Los dos hemos tenido lo que deseábamos, ¿no es verdad? Y ahora, todo ha terminado.
—Quédate aquí. Debemos hablar —se apoyó sobre un codo.
—Si se trata de algo relacionado con mi hermano y tu hermana, olvídalo. No tengo nada que añadir sobre ellos —se mordió un labio. Peter deslizó los dedos hacia arriba y hacia abajo por el muslo de ella, obligándola a sujetarle la mano con firmeza y ponerla en otro sitio—. No empieces con eso de nuevo.
—¿Por qué me rechazas? —se las arregló para dar la impresión de que lo había lastimado—. Creí que estabas enamorada de mí.
—No seas… no seas absurdo —trató de soltar el brazo, pero él lo sujetaba con demasiada fuerza, y ella lo miró con resentimiento—. Me estás haciendo daño.
—En ese caso, reconoce que estás enamorada de mí —demandó.
—Si no lo estoy, ¿vas a romperme el brazo? —se mofó—. Eso no demostraría nada.
—Está bien, Lali —la soltó—. Ahora, reconócelo.
Sentía el corazón en la boca y apartó los ojos, incapaz de resistir el escrutinio de su mirada.

—Estás… estás loco —dijo entre dientes—. Tal vez… en alguna ocasión te confesé que me gustabas, pero eso fue en uno de mis momentos más débiles, antes de saber cómo eras —¿Cómo podía mentirle así?, pensó angustiada. Sinceramente amaba a ese hombre tan arrogante, pero esas palabras jamás saldrían de su boca. De nuevo la pondría en ridículo e insistiría en que el amor era para los idealistas estúpidos, como ella.
De manera inesperada, se puso de pie, la tomó de la barbilla y la apretó con suavidad.
—Tienes la boca más perfecta del mundo —le aseguró—. ¿Por qué la ensucias llenándola de mentiras, cuando la verdad es tan evidente en otras cien formas?
—¿De verdad? —le apartó la mano.
—Por supuesto. Acabas de demostrarlo.
—Mira… me gustaría vestirme, si no te importa —se arreboló.
—Sí me importa —sonrió con burla—. Me gusta verte así.
—No lo dudo. Pero me da vergüenza.
—Cuando estábamos a bordo del Miranda, no sentías vergüenza.
—Era distinto.
—Es sólo un estado de ánimo, Lali. Si recuerdas lo que nos hacíamos el uno al otro hace unos cuantos minutos es bastante quisquilloso por tu parte sentir vergüenza delante de mí —su mano ahora hacía un trazo entre la nuca y el final de su espalda, pero ella lo ignoró, porque si trataba de levantarse él se lo impediría. De todos modos, Peter tenía razón. Se estaba comportando como una colegiala en vez de como una mujer adulta.
—¿Sabes por qué te traje aquí, Lali?

Continuará...

sábado, 18 de agosto de 2012

"Cuñados" Capítulo 32


Hola! Como andan?
El capítulo de hoy va dedicado a Vale primera en firmar
Perdón por subirles tan tarde!
Besos!
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Diez minutos después, estaba sentada junto a él en una camioneta Land Rover que se dirigía hacia las montañas detrás de la casa. Continuaron su camino a lo largo de kilómetros y kilómetros de viñedos y huertos, hasta que el camino asfaltado dio paso a un sendero polvoriento. Al fin detuvieron el vehículo y Peter la ayudó a bajar.
El viento le alborotaba el cabello, obligándola a apartarlo de sus ojos mientras contemplaba el panorama frente a ellos. Desde ese lugar se apreciaba la enorme finca. Debajo de ellos estaba la espaciosa mansión blanca como salida de una juguetería, más allá el puerto y más lejos, el brillante mar azul donde se reflejaba el sol de media mañana. Lali miraba la costa de norte a sur.
—Cincuenta kilómetros de cada lado —Peter contestó la pregunta sobreentendida—. Todo es propiedad de los Lanzani.
Ella dirigió la mirada a Peter.
—Mi bisabuelo comenzó todo —señaló la casa y en su voz se adivinaba un sereno orgullo—. Era un hombre joven, recién casado, cuando construyó una choza de madera, allí abajo, pero él y su esposa trabajaban de sol a sol. Cultivaron vid, construyeron una prensa y vendían el vino. Después, él adquirió un barco y pescaba durante el invierno. Sacaron adelante a su familia, trabajando duro, nunca le debieron ni un centavo a nadie, y vivían del sudor de su frente. Su hijo se hizo cargo de todo cuando ellos murieron. Ese hijo era mi padre. Ahora, nuestro vino se vende en toda Europa y ese pequeño barco, se convirtió en una flota de barcos de carga y cruceros de lujo.
—Estoy impresionada —confesó ella—. Es un logro fantástico en sólo tres generaciones.
—Algo más que un logro, Lali —opinó, sereno—. Es el resultado final de la misión y el trabajo arduo de un hombre —se detuvo y miró una vez más el panorama—. Quizá ahora comprendes lo que significa ser un Lanzani. No sólo el orgullo de un apellido sino el patrimonio y la dura carga que llevo encima.
—¿Tratas de darme lástima? —preguntó con amargura.
—No deseo causar lástima —su cara se endureció un poco—. Pero sí esperaba comprensión.
Lali contempló el paisaje una vez más. El imperio de Peter. Su responsabilidad. La pesada carga.
—Lo único que mi padre nos dejó a mi hermano y a mí fue un viejo barco pesquero en pésimo estado y muchos amigos pobres, pero sinceros. Pienso que nuestra herencia fue mejor que la tuya.
Algo brilló en los ojos de Peter y una sombra fugaz cruzó sus facciones. No era dolor ni ira, sino algo más profundo como si ella hubiera rozado un nervio y, por un momento, se miraron en silencio.
—Quiero hacerte el amor, Lali. Aquí y ahora.
Aunque presentía que eso iba a pasar, la franqueza conmocionó a Lali, quien sonrió con desdén.
—Entonces, ¿estás decidido a dejarme embarazada? ¿Sigues con la intención de cumplir con tu deber?
—No —dijo con voz amable—. Ninguno de esos dos motivos.
—Ya te dije que… —le costó trabajo hablar.
—No me interesa lo que dijiste —de pronto Peter se movió y ella se encontró en sus brazos.
—¡Bájame! —Con los puños le golpeaba el pecho—. ¡Te lo advierto, Peter! No voy a permitir que…
Peter la besó en la boca.
—Rodéame el cuello con los brazos y deja de discutir.
Peter comenzó a caminar hacia la montaña con pasos seguros, como si ella no pesara nada.
Cuando subieron a la cima, Peter la bajó y de la mano la llevó hacia una cabaña desvencijada. Con la boca seca y el corazón acelerado, Lali comprendió que ya era demasiado tarde para correr y observó que Peter sacaba una llave para abrir la deteriorada puerta de madera.
Desde el exterior, el lugar daba la impresión de ser una ruina, pero una vez en el interior, comprendió que estaba equivocada. La cabaña estaba revestida con paneles de madera de pino y una alfombra mullida cubría el suelo. Los estantes estaban alineados en una pared junto a una cadena de música y un televisor. En la única habitación no había cama, sólo un diván cubierto con una piel de oveja.
—Todos necesitamos un lugar solitario de vez en cuando —señaló él, después de observar por un momento la expresión de Lali—. Algo fuera de las presiones mundanas. Este es el mío.
—Es… muy bonito —murmuró—. Yo me conformo con meter la cabeza debajo de la manta.
—Esa es una de las cosas que me gustan de ti, Lali. Ese extraño sentido del humor.
—Es característico de nuestro carácter —explicó—. Siempre nos enfrentamos a los malos momentos con una frase graciosa. Pensé que todos lo sabían.
La atrajo hacia él, hasta que una vez más sintió que se ahogaba en las profundidades de aquellos ojos llenos de deseo.
—Tu peor momento fue anoche, cuando llegué a salvarte —le recordó—. ¿O ya lo has olvidado?
—Casi —tragó saliva con dificultad—. Gracias por recordármelo. Supongo que piensas que ahora te mereces una recompensa. ¿Verdad?
Sus cuerpos estaban muy juntos y ella sintió la manifestación del profundo deseo de Peter. Su boca descendió de nuevo y ella entreabrió los labios. La lengua… y las manos de él… Las piernas de Lali comenzaron a debilitarse y ese dolor insoportable comenzó a atormentarla.
—Por favor no me insultes, Lali —apartó la boca para morderle con suavidad el lóbulo de la oreja—. No necesito recompensa por haber actuado como un hombre decente. Lo que ahora deseo es que te entregues de manera voluntaria, sin amenazas, sin promesas, sin cadenas.
—¿Por qué… debería hacerlo? —la voz de ella temblaba.
—Porque yo te quiero y tú me quieres —alegó—. ¿Qué otro motivo más sincero podría existir?
Los ojos de la chica brillaban de deseo y una vez más se sorprendió del poder de ese hombre para incitar un deseo irresistible en ella, y al mismo tiempo un impulso más fuerte de agradarlo y satisfacerlo.
—¡Maldición, Peter! —Las palabras salieron a la fuerza de su garganta—. Conoces la respuesta. No… no puedo evitar quererte.
—Maravilloso… —susurró él—, esas eran las palabras que deseaba oír —resbaló las manos debajo de la camiseta y le desabrochó el sostén.

Continuará...

viernes, 17 de agosto de 2012

"Cuñados" Capítulo 31


Hola! como andan? espero que bien y que hayan terminado bien la semana!
O.O me caí de poto cuando vi la cantidad de firmas! jajajaja Tienes razón Inma no me puedo quejar jajajaja
El capítulo de hoy va dedicado por la INMENSA cantidad de firmas, para....un Anónimo, GRACIAS! por tomarte tu tiempo y llenar casi toda la página! :) si comentaste y dejaste tu nombre y yo como soy tan volada  no lo vi, pues recuérdamelo! jijij
Muchas gracias Inma por recomendar el blog! espero luego de volverte el favor (creo que rimo?) jajajaj
Un abrazo psicológico y que disfruten del capítulo que va quedando poquito! 
Besos!
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El sol entraba por la ventana abierta y despertó a Lali, quien se levantó con dificultad. Sofía estaba ahí con una taza de café caliente en la mano y una expresión de inquietud en la cara.
—Buenos días, Lali. ¿Cómo está? Peter desea saber si durmió bien. Le aseguré que sí, pero supongo que no me creyó.
Mientras Lali alargaba la mano para tomar el café, los acontecimientos de la noche anterior se agolparon en su mente con angustiosa claridad. El recuerdo de aquellos ojos claros devorando su cuerpo… su mal aliento… la mano caliente y sudorosa sobre su boca… el consuelo de los brazos de Peter alrededor de ella. Después de una experiencia como ésa, habría sido lógico que no hubiera pegado ojo en toda la noche, pero gracias a la leche tibia y al brandy, lo había logrado.
—Dígale que estoy bien —susurró.
—Magnífico. Podrá decírselo usted misma, una vez que las cosas se tranquilicen abajo.
Lali tomó un sorbo de café y al ver la cara de Sofía se dio cuenta de que la joven estaba ansiosa por contarle las noticias.
—¿Qué sucede? —preguntó de inmediato, preguntándose si estaban relacionadas con su hermano.
—Peter ya se ha dado cuenta de que falta un barco —Sofia se sentó en el borde de la cama después de mirar con nerviosismo a la puerta—. Lo acaban de descubrir y, según él, todos son unos inútiles, incluso su tío. Está furioso y después de lo que les hizo a sus primos, están aterrorizados de que les suceda lo mismo.
—¿De modo que todos están enterados de lo que me sucedió anoche?
—En un lugar como éste, hay muy pocos secretos —la doncella levantó los hombros.
—Eso significa que cuando me vaya, todos hablarán a mis espaldas, y se reirán de mí.
—No será así —le aseguró Sofía—. Todo el personal está contento de que esos dos cerdos se hayan ido. Piensan que Peter debe respetarla mucho para haber hecho eso, y de ahora en adelante usted va a ser muy popular aquí.
—No es mi intención quedarme aquí más tiempo del necesario —aclaró Lali con voz sombría, ya que ahora las posibilidades de robar un barco eran muy remotas. Debía planear otra cosa.
—Ya lavé y planché la ropa que traía cuando llegó aquí —le informó Sofía—. Mientras se da una ducha, iré a traerla.
—Sí… —susurró Lali, su mente estaba a millones de kilómetros de distancia—. Gracias, Sofía. Eres muy amable.
Peter desayunaba unos huevos revueltos en el mirador, cuando ella llegó.
—Buenos días, Lali —le señaló la silla frente a él—. Por favor siéntate. ¿Tienes hambre?
—Gracias. Los huevos parecen deliciosos. Tomaré unos —su apariencia no era mala, reconoció contra su voluntad; estaba más guapo que nunca. Por lo que Sofía le había dicho, esperaba encontrarlo furioso.
—Me alegra —llamó al sirviente que estaba cerca de ellos—. Temía que después de todo lo que tuviste que soportar anoche, no tuvieras…
—Preferiría que olvidáramos lo ocurrido anoche. Sólo me interesa el día de hoy —se sirvió un zumo de naranja de la jarra—. Sofía me informó que te falta un barco. Supongo que también le echarás la culpa a mi hermano. No satisfecho con robar a tu hermana, también se llevó uno de tus barcos —sonrió con sarcasmo—. Nunca me di cuenta de que Jaime fuese un ladrón.
—Es el evidente sospechoso —afirmó Peter, haciendo caso omiso del tono agrio de su interlocutora—. Incluso tú debes estar de acuerdo.
—¿No ha podido ser alguien del pueblo?
—Gente como ésa no se acerca nunca a esta propiedad —comentó con desprecio. Peter la miró, haciéndola sentirse incómoda bajo ese examen penetrante. Sospechaba que su intento de confundirlo, había fracasado. Sólo le interesaba ganar tiempo… para que Jaime y Helena tuvieran la oportunidad de contraer matrimonio antes de que los encontraran. En la isla de Cati no había forma de llevar a cabo una ceremonia. Lo único que quedaba era esperar a que las cosas se enfriaran. Desde luego sólo eran suposiciones. Tal vez ya estaban casados, pero dudaba que Peter desistiera de sus amenazas. Ya lo había visto en acción y sin duda agarraría a su hermana por el cuello y la arrastraría hasta la casa.
Llegó su desayuno y dio un suspiro de alivio al romperse la tensión. ¡Maldición, tenía demasiados problemas de qué preocuparse! Al menos a Helena no la habían dejado embarazada a la fuerza. Jaime y ella estaban enamorados y ahora eran libres y con la edad suficiente para cuidarse.
—Seguiré con la suposición de que robaron el barco —Peter bebió de su café, sin apartar la vida de Lali.
—¿Dijiste que te «robaron» el barco? ¿Entonces ya aceptas que Helena lo ayudó?
Después de sonreír con ironía, él giró la silla para mirar al puerto. Al observar su perfil moreno contra el cielo brillante, Lali sintió una vez más aquella atracción que la destruía. La noche anterior, sus brazos habían sido un refugio… un abrigo de seguridad y amor. Había sido tan amable… tan tierno. Pero ahora, al mirarlo, comprendió que había sido una ilusión.
Sólo una ilusión de una estúpida idealista.
—¿A dónde crees que se fue, Lali? —le preguntó de forma inesperada, su voz cortó sus pensamientos como una navaja.
—¿Cómo podría saberlo? —Lo miró con inocencia—. Quiero decir, debe de haber dos mil islas…
—Tres mil —la corrigió.
—Ya ves. Si estuviera en tu lugar, me daría por vencido. Jamás los encontrarás.
—Mmm… —se frotó la sien con el dedo—. Quizá tengas razón. En ese caso, lo único que podemos hacer es esperar aquí hasta que Jaime llegue para rescatarte de mis garras —la miró de reojo con esos ojos verdes.
—Es probable que tarde mucho tiempo —anunció con indiferencia—. Me atrevo a asegurar que ya tiene demasiadas cosas en la cabeza, como para preocuparse de mí.
—Ojalá no te equivoques, Lali —le lanzó la pulla con entusiasmo—. Cuanto más tarde en venir, mejor en lo que a mi respecta. Ya ordené que arreglen la villa para nosotros. De ahora en adelante, seré yo quien te cuide durante las noches.
Lali se arreboló por su comentario.
—Sofía tiene miedo de perder su empleo —cambió de tema con rapidez—. Supone que como Helena ya no está aquí, ya no habrá trabajo para ella.
—Ayudó a tu hermano y a Helena a escapar, ¿no es verdad? —Peter miró de nuevo a la chica.
—Es algo que debes preguntárselo tú mismo —respondió.
—Por supuesto que sí los ayudó. Helena siempre le tuvo mucha confianza. Eran amigas íntimas.
—¿Entonces supongo que la vas a despedir, como castigo? —Su voz revelaba un gran desdén—. Por una mera suposición, vas a quitarle su medio de vida.
—No seas ridícula —de nuevo se frotó la sien, como si tuviera dolor de cabeza—. No tengo intención de quitarle su trabajo. Por lo menos, ha demostrado lealtad. Quizá no ha hecho lo correcto, pero de todos modos es un detalle a su favor. También fue lo suficientemente perceptiva como para darse cuenta de lo que mis primos planeaban anoche, y el hecho de informármelo puso fin a sus intenciones. Si tuviera más gente tan valiosa, como ella, sería un hombre más feliz.
—Estará… encantada de saberlo.
—Temía que esta mañana te sintieras enferma, pero me doy cuenta de que ya te has recuperado de tu disgusto —se puso de pie y la recorrió con la mirada—. Estoy seguro de que vas a resistir.
—¿Resistir qué? —se levantó y frunció el entrecejo.
—Una visita alrededor de la finca.
—No. Te lo agradezco, pero prefiero quedarme aquí —una visita con él significaría estar solos y sabía cuál sería el probable desenlace.
—Estoy orgulloso de lo que hemos realizado aquí, Lali. No te gustaría lastimar mis sentimientos, ¿verdad? —la sujetó con fuerza del brazo.
¿Por qué no lo había dicho antes? Lo último que deseaba era lastimar sus sentimientos; podría ofenderse y dejar de hablarle.

Continuará...

jueves, 16 de agosto de 2012

"Cuñados" Capítulo 30




Hola!! como andan? mil perdones por no hablar nada en el capítulo anterior pero se mueren lo rápido que lo subí! Todo es culpa del átomo que tenía que hacer...pero luego de lo malo siempre viene lo bueno! :) me devolvieron la compu que me debía como desde principio de año :D
Eeeeeen fiiiiin (sigo recomendando que vean Hola soy Germán), el capítulo de ayer iba dedicado para @angelaliter primera en firmar!
El de hoy va dedicado a Camila, primera en firmar, Inma que llenó la página de firmas! :) Gracias a ambas por seguir la nove! 
mueroxksiangeles debería sufrir un poco no? Bueno en el capítulo de hoy...uff no puedo contar, mejor leelo! jijij
Inma gracias por recomendar al blog!! :) obvio que puedes publicar mi Twitter, ningún problema :D  gracias por avisarme del twitter. Cualquier favor, pídelo no mas!
Chicas ya lo tienen por sentado yo creo, TODOS A LEER EL BLOG DE INMA!! jajajaj enserio ¬¬" 
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En unos días, su reloj biológico le daría el primer indicio de un posible embarazo, pero no tenía motivo para dudar que la semilla de Peter Lanzani estuviera gestándose en su vientre en ese momento. Sin embargo, no podía hacer nada por remediarlo.
Era lógico que Jaime, tarde o temprano, se las arreglara para escapar, pero debería haber esperado. ¿Cuánto tiempo había tardado ella en sucumbir al atractivo de Peter? ¡Sólo seis noches! Se entregó a él la noche después de la tempestad, creyendo ingenuamente que el destino la había unido con Peter. La noche en que se las arregló para convencerse a sí misma de que él comenzaba a respetarla y a sentirse atraído por ella. En ese momento, se habría contentado con menos, porque en el fondo era una tonta. Peter no se había equivocado, era una idealista siempre dispuesta a creer en un final feliz.
Pero ahora no había un final feliz. Peter, de manera despiadada y brutal, había acabado con todas sus ilusiones. Para él, ella significaba menos que el polvo del camino. Incluso su hermana no le importaba nada. Lo único valioso era el falso honor del apellido Lanzani.
Al fin se quedó dormida, pero se despertó y miró a su alrededor. ¿Fue un sueño o escuchó voces? No, no era un sueño. Ahora las oía de nuevo. Encendió la lámpara, se puso de pie y caminó hacia la puerta.
—¿Hay alguien ahí? —preguntó, nerviosa—. ¿Qué quiere?
—Abra la puerta, señorita Espósito —contestó una voz ronca.
—No. Váyase.
—Peter nos envió a buscarla —afirmó la voz—. Su hermano está abajo.
¡Jaime! ¡Aquí! El corazón le dio un vuelco y fue en busca de la llave, pero cambió de opinión. Algo andaba mal. Peter habría enviado a Sofía a buscarla, no a un desconocido.
—Dígale a Peter que venga mi hermano aquí. Quiero oír su voz.
Oyó unas voces que hablaban en voz baja, al otro lado de la puerta.
—Su hermano tiene la pierna herida. Esperamos al médico.
—¿Cómo… cómo se lo hizo? ¿Qué sucedió?
—Lo encontramos escondido en las montañas. Trató de escapar, pero se cayó entre unas piedras.
Ahora estaba segura de que le mentían porque Jaime no había ido a las montañas. Ni siquiera se habían dado cuenta de que faltaba un barco. No necesitaba una bola de cristal para imaginar sus intenciones. Desesperada, miró a su alrededor y se dio cuenta de que la ventana estaba abierta. ¿Podría escapar por el balcón? ¿Y después? ¿A dónde iría? De pronto vio el timbre en la pared. ¿Llamaría a Sofía? ¿Y qué podría hacer la doncella? ¿Acaso la presencia de otra persona no los asustaría? Cualquier cosa era válida.
—Tendrán… tendrán que esperar hasta que me vista —trató de ganar tiempo.
Cuando estaba en medio del dormitorio escuchó que empujaban la puerta, y se dio la media vuelta.
Eran dos hombres. Manuel, el individuo de labios gruesos y los ojos claros y otro que tal vez era su hermano menor. Manuel se humedeció los labios con la lengua.
—Estamos aquí para hacerte compañía.
—Se equivocaron —los agredió con voz de hielo—. Salgan de aquí los dos, ahora mismo —era un intento desesperado, pero quizá se amedrentarían con un alarde de intrepidez. Los hombres que atacaban a las mujeres, en el fondo eran unos cobardes.
—No es muy amable, ¿verdad? —le comentó Manuel a su acompañante—. Tendremos que hacer algo, ¿no crees?
Lali tuvo la tentación de tocar el timbre, pero Manuel tiró del cabello de la chica, haciéndola gritar.
—Grita tan fuerte como puedas —rió con burla—. Nadie te oirá desde aquí —su aliento era insoportable y ella trató de apartar la cabeza. El hombre le hizo una seña a su acompañante, quien se paró detrás de ella para torcerle los brazos. Lali trató de gritar de nuevo, pero una mano sudorosa le cubrió la boca, causándole náuseas.
No merecía la pena fingir que no tenía miedo. Era consciente de lo que intentaban, y casi se desmayó de horror cuando Manuel le rasgó el camisón, dejándola expuesta a su mirada lasciva. Por interminables momentos, sintió un hormigueo en la piel mientras los ojos de Manuel la recorrían con avidez.
—Su hermano me golpeó y me dejó atado, señorita Espósito —se aflojó el cinturón—. Después le ajustaré las cuentas, pero por el momento, mi hermano y yo vamos a divertirnos un poco contigo. Peter ya ha tenido su oportunidad y ahora nos toca a nosotros.
Aterrorizada, sintió que las fuerzas la abandonaban. Oyó unas voces y cuando el hombre detrás de ella, de forma inesperada la soltó, ella se desplomó en el suelo sobre las rodillas.
—¡Canallas! —la voz desde la puerta era una explosión de furia y, controlando la respiración, Lali levantó la cabeza en el momento en que Peter se lanzaba encima de Manuel para darle un puñetazo tan fuerte, que le abrió el labio superior.
—¡Cielos, Peter! —Manuel retrocedió—. Sólo nos estamos divirtiendo un poco.
—¿Creéis que violar a alguien es divertido? —gritó Peter.
—¿Por qué te preocupas por ella? —Manuel protestó furioso—. Es una basura al igual que su hermano. Por eso fuiste a buscarla, ¿no es verdad? Para enseñarle a…
—¡Cierra tu boca asquerosa! —Peter los miró a los dos con rabia incontrolable—. ¡Os atrevéis a llamarla basura! Ninguno de los dos es digno de lamer el barro de sus zapatos. La única basura que hay sois vosotros.
Se arrodilló y le tocó a Lali con suavidad el hombro.
—¿Puedes levantarte, Lali?
Hizo el intento de hablar, pero estaba tan emocionada, que tenía la garganta cerrada. Con lentitud, inclinó la cabeza.
—Bueno… —Peter le ayudó a levantarse y miró a los hombres que caminaban con nerviosismo hacia la puerta—. Quedaos ahí —gruñó amenazador—. Aún no he terminado con vosotros.
Ayudó a Lali a sentarse en el borde de la cama y la cubrió con el camisón roto.
—Habéis manchado el nombre de los Lanzani. Quiero que os vayáis de esta casa en este momento. Os iréis con lo puesto. Todas vuestras pertenencias… coches, barcos, acciones en el negocio… han dejado de perteneceros. Si alguno de los dos se acerca a cinco kilómetros de esta finca, se arrepentirá. Ahora, largaos.
Los dos hombres se miraron uno a otro con incredulidad.
—¡No puedes hacernos eso! —protestó Manuel—. No vamos a perder todo por esa…
Peter caminó hacia ellos, lo cual fue suficiente para que salieran corriendo del dormitorio.
El corazón de Lali latía con fuerza y aún temblaba mientras él la ayudaba a ponerse de pie y la acunaba con cariño entre sus brazos. Por un instante, el hecho de que un hombre, aunque fuera él, la tocara, la hizo sentir una sensación de miedo, e hizo un intento de apartarlo.
—No, cariño —susurró—. Ya se han ido. Ahora estás a salvo.
Lentamente el temor desapareció, y los masculinos brazos que con anterioridad parecían aprisionarla, ahora eran una barrera protectora contra el resto del mundo. Peter le acarició con suavidad el cabello para tranquilizarla y ella hundió el rostro contra su pecho. Los firmes latidos del corazón de él le dieron fuerza.
—Intentaban… —se le hizo un nudo en la garganta—. Llegaste justo a tiempo. ¿Cómo… cómo lo…?
—Sofía me lo dijo —aclaró con voz tranquila—. Los oyó hablar y después se dio cuenta de que venían hacia aquí.
—Dios bendiga a Sofía —señaló agradecida—. Les… pedí que se fueran, pero derribaron la puerta.
—Creo que fui muy indulgente con ellos —refunfuñó—. Debería…
—No, Peter —le tranquilizó—. No te metas en problemas por culpa de ellos. No… merecen la pena.
—Tienes razón. Son una basura —le acarició de nuevo el cabello—. Estás a salvo y es lo único que me importa. Trata de olvidarlo.
Otro escalofrío se apoderó de ella. Era fácil sugerirlo, pero nunca podría olvidar esa noche.
Sofía entró en el dormitorio. Vestida con una bata, su rostro estaba pálido mientras miraba a Lali.
—¿Puedo ayudar en algo, señor Lanzani?
—Sí, Sofía —inclinó la cabeza, agradecido—. Trae un poco de brandy y leche caliente para Lali. Después, prepara otro dormitorio para ella con otra cama para ti, porque deseo que te quedes con ella el resto de la noche.
Una vez que la doncella se fue para cumplir sus órdenes, tomó a Lali de la barbilla y le dio un suave beso en la boca.
—Te fallé, cariño —susurró—. Te aseguré que en esta casa estarías segura, y me equivoqué. ¿Me podrás perdonar?
—Peter… es la segunda vez que me llamas «cariño» —tragó saliva y lo miró a los ojos—. ¿Es sólo una palabra, o lo dices en serio?
El la besó otra vez como si fuera la respuesta, pero no fue así. El amor era para los cretinos, había dicho él. Y Peter Lanzani no lo era.

Continuará...

miércoles, 15 de agosto de 2012

"Cuñados" Capítulo 29



—Supongo que es lo justo. Quiero decir… como eres el jefe de la familia, debes dar ejemplo.
—Me alegro que al fin lo comprendas —inclinó la cabeza a ella le pareció un gesto raro, burlón.
—Ahora comprendo todo, Peter —tragó saliva con amargura—. Has aclarado tu posición y la mía —apartó el vaso y se limpió los labios con la servilleta—. Gracias por la cena y el sermón. Si me disculpas, estoy bastante cansada.
—Tú y yo aún tenemos un contrato.
—No —sus ojos brillaron de resentimiento y desafío—. Ya no, Peter. No mientras mi hermano esté libre. Ahora ya no puedes herirlo, de modo que se ha terminado tu derecho sobre mí.
—Es verdad —reconoció con una sonrisa amenazadora—. Pero cuando encontremos a tu hermano…
—Querrás decir, si lo encuentran.
—Vendrá a buscarte. ¿O tratas de decirme que está dispuesto a abandonar a su hermana?
Lali se puso de pie. Había perdido la paciencia e intentó pasar delante de él.
—Espera —la sujetó del brazo—. Le pediré a Sofía que te acompañe a tu habitación.
—No voy a mi habitación —gruñó—. Voy al Miranda. Me voy de aquí ahora mismo, porque estoy harta de ti y de tu familia. Espero que os abraséis en el infierno. Suéltame el brazo o te sacaré los ojos.
—No vas a ninguna parte. Te quedarás aquí hasta que decida otra cosa.
—Entonces, tendrás que encerrarme como lo hiciste con Jaime.
—Si es necesario, lo haré —le advirtió.
—¿En qué podrías beneficiarte, teniéndome aquí contra mi voluntad? —respiró con fuerza y lo miró con resentimiento—. Si por un minuto supones que voy a permitir que de nuevo utilices mi cuerpo…
—Eres tú quien tienes que decidir si utilizo tu cuerpo, pero tanto si Helena regresa aquí como si no, tú eres el precio que tu hermano debe pagar por su atrevimiento —levantó la mano y le apretó la barbilla de forma posesiva—. Te quedarás aquí, sin importar el tiempo que tardes en aceptarlo —tocó el timbre, y cuando la sirvienta apareció, le ordenó con energía—: Que venga Sofía. Dile que Lali desea ir a su habitación. Después, dile a Manuel que esta noche mande un guardia que se quede en el Miranda vigilando.
Cuando entró en su dormitorio, Lali se sentó en el borde de la cama y apretó los puños, desesperada. Sofía le entregó un camisón antes de preguntarle lo que Peter le había dicho durante la cena.
—No te preocupes —tranquilizó a la doncella—. No le dije nada.
—Menos mal —suspiró de alivio—. ¿Estaba… estaba muy enojado?
—Oh, sí —reconoció con expresión torva—. Estaba enojado, además de arrogante… despreciable… frío…
—Ni Jaime ni Helena sabían que usted estaría mezclada. ¿Qué va a hacer Peter ahora? ¿Va a dejarla irse?
—No te preocupes por mí, Sofía —Lali observó el rostro triste de la doncella—. Soy capaz de cuidarme sola —hasta ahora no lo había hecho muy bien, pero las cosas estaban a punto de cambiar.
—Tenían… planeado enviar a Helena a Londres —señaló Sofía con violencia—. Nunca volverían a verse, por eso decidió escapar con él.
—Lo sé, Sofía, lo sé. Hicieron lo correcto y te agradezco que los ayudaras.
—No… creo que vuelva a verlos —murmuró Sofía con la voz quebrada—. Como ahora Helena ya no está, no me necesita y supongo que me despedirán. No… no me importa, pero me agradaría ver una vez más a Helena y a Jaime. Saber que están al fin juntos y felices.
—Tengo el presentimiento de que volverás a verlos.
Lali apretó la mano de Sofía entre las suyas—. Cuando Jaime se entere de que estoy aquí, vendrá a buscarme —se mordió un labio—. Espero que se case con Helena antes de venir.
—¡Desde luego! —exclamó—. Si se casan, la familia no podrá hacer nada —rió con entusiasmo—. Puede imaginar la expresión de todos, si Helena llega con un anillo de matrimonio en el dedo.
Una idea inesperada llegó a la mente de Lali. ¿Por qué esperar a que Jaime viniera? Quizá tardaría bastante tiempo. ¿Qué le impedía ir a buscarlo e irse de ahí? Peter había puesto un guardia en el Miranda, pero en el puerto había muchos otros barcos, más rápidos y potentes. Podría robar uno y Sofia la ayudaría. ¿Sería posible esa misma noche?, se preguntó. Afuera había oscurecido.
Se preguntó si debería confiarle la idea a Sofía en ese momento, pero decidió que no, ya que Sofía se quedaría sin dormir toda la noche debido al nerviosismo. Incluso podría hacer o decir algo sin pensarlo, que alentaría a otra persona menos digna de confianza.
Sofia permaneció con ella otros diez minutos, poco dispuesta a dejarla sola, pero Lali logró convencerla de que no necesitaba nada, que la cama era muy cómoda y que si la necesitaba durante la noche tocaría el timbre.
Una vez sola, Lali se acostó y apagó la lámpara que había sobre la mesilla. Estaba segura de que no podría dormir, ya que ahí todo estaba demasiado tranquilo y extrañaba el movimiento oscilante del Miranda, el ruido del agua y el golpeteo de las olas contra la nave. Además, los sentimientos de ira y remordimiento mantenían su mente en continua confusión.

Continuará...

martes, 14 de agosto de 2012

"Cuñados" Capítulo 28



Hola! como andan? Perdón por no subir ayer, no hay excusa que valga...peeeroo las firmas han bajado chicas :(  Ustedes serían tan lindas de recomendar el blog? si lo hacen le agradecería mucho!
Capítulo dedicado a Chari, primera en firmar :)
Inma me encantaría contarte lo que viene, pero no puedo jijijij
Un beso y que tengan linda semana!
PD: La foto no tiene mucho que ver con el lugar y como se desarrolla el capítulo, pero me pareció graciosa ponerla :)
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Sofía, de antemano, la había prevenido. Peter sospechaba de Sofía y suponía que le había hecho confidencias a Lali, y ahora trataba de sacarle la verdad.
—¿Por qué debería estar informada del asunto?
—¿Instinto femenino? —preguntó con aplomo—. Deberías saber mejor que nadie de lo que es capaz tu hermano.
—Sé que no es capaz de secuestrar a alguien —lo defendió con pasión—. La simple idea es ridícula. No es esa clase de hombre.
—¿Acaso insinúas que Helena se fue con él de forma voluntaria? —la miró con atención.
—Quizá sí —le devolvió la mirada con una expresión desafiante—. Es tu hermana —y agregó mordaz—. Deberías saber mejor que yo lo que es capaz de hacer.
—No te atreverías ni siquiera a suponer a dónde pudo haberla llevado tu hermano, ¿verdad?
—¿Pretendes seguir interrogándome? Ya te dije que desconozco todo.
—Mencionaste que él tiene amigos en Rawson —continuó el interrogatorio, haciendo caso omiso de su reclamación—. ¿Crees que haya llevado a Helena allí?
—Es probable —sonrió con frialdad—. ¿Quieres la dirección? Entonces podrás enviar a uno de tus monos amaestrados a investigar —si su suposición era correcta, Jaime no estaría en ningún lugar cercano a Rawson.
Bebió de su copa y mantuvo un aire de fingida inocencia. Nada le habría dado más gusto que decirle la verdad, pero no deseaba poner en peligro a Sofía. ¿Helena y Jaime alguna vez la perdonarían por traicionarlos? Ahora debía protegerlos hasta que salieran del país o contrajeran matrimonio.
—Una vez me aseguré que eras una actriz pésima Lali. Es cierto, porque sé que mientes. Si de verdad deseas ayudar a tu hermano, tendrás que cooperar con nosotros para encontrarlo. Cuanto más pronto lo localicemos mejor.
—No sé nada —susurró, inflexible.
—No le haremos daño.
—¿Pretendes que lo crea, después de todas tus amenazas?
—Olvida las amenazas —le advirtió, molesto—. Las hice en un momento de coraje. Sólo me interesa que mi hermana regrese sana y salva. Esta humillación se ha prolongado demasiado.
¿Humillación? Era lo único que le preocupaba, pensó con amargura. Su dignidad herida. El hecho de saber que una vez que las noticias se divulgaran, la familia Lanzani sería el hazmerreír de todo el país. En un lugar tan machista como ése, ¿cómo podrían volver a respetarlos una vez que descubrieran que ni siquiera sabían controlar a sus mujeres?
—Eres excelente para juzgar a los demás, pero las cosas cambian cuando estás en el otro lado, ¿no es cierto? —parecía incapaz de contener su ira—. Quizá tu hermana, de forma voluntaria se fue con mi hermano y tal vez hasta lo ayudó a escapar. Es probable que lo quiera. ¿Habías pensado en eso? Quiero decir… ella va a tener un hijo suyo.
La cara de su anfitrión permanecía impasible y sólo los nudillos se le pusieron blancos por apretar el vaso.
—Desde luego que lo he pensado. Y por eso deseo que regrese antes de que haga algo aún más insensato.
—¿Insensato? —repitió, incrédula—. ¿Qué insensatez existe en enamorarse? Sucede todos los días. Es inevitable. Es más, es un sentimiento precioso.
—El amor es para los tontos. Nuestra familia no puede permitirse ese lujo. Helena es una Lanzani y sabe cuál es su deber.
Lali sintió ganas de lanzarle algo a la cara, pero se contuvo.
—¡Por supuesto! ¡Qué tonta soy! Me olvidé de que está comprometida con otro, ¿no es verdad? Alguien más… adecuado —pronunció con desprecio la última palabra.
—Tengo la impresión de que ese concepto te parece extraño —levantó un poco las cejas.
—Es verdad —reconoció, cáustica—. Es más, en esta época lo califico de ridículo. A nadie deberían obligarlo a casarse.
—¡Ah, sí! —su risa fue seca y burlona—. Yo también lo estaba olvidando. Eres la típica idealista soñadora. Creí que ya habías aprendido la lección. ¿Acaso no fuiste tú la que estuvo de acuerdo con que es mejor doblegarse ante lo inevitable? —su tono se endureció—. El poder y las prerrogativas tienen un precio, Lali. Helena siempre lo ha sabido. Los matrimonios de conveniencia no son nuevos, ni siquiera en tu país.
—¡Por Dios, Peter! —lo miró desesperada—. Tu hermana es casi una niña, no es propiedad de una empresa. ¿De verdad esperas que renuncie a una vida de amor y felicidad sólo para consolidar el poder de tu familia? Es grotesco.
—A nadie, aquí, le interesa lo más mínimo tu opinión —la incomodidad de él era casi tangible—. La forma en que manejamos los asuntos familiares es cosa nuestra y de nadie más. Nuestras normas nos han dado buenos resultados a través de los años, y no toleramos que extraños entren aquí para crearnos confusión y discordia.
No era su ira la que desalentaba a Lali… ya estaba acostumbrada… sino su firme creencia en su propia rectitud.
—Aunque a Helena no le agrada el hombre que le has escogido… ¿la obligarías a casarse?
—Su terquedad es la única razón de que lo rechace —aseguró él—. Agustín Sierra es un joven de buena presencia y con antecedentes intachables. Es el hijo de un conocido e importante banquero.
«Ahora comprendo todo», pensó la chica, sintiéndose herida en su amor propio. Era inútil insistir para hacerlo cambiar de opinión.
—¿Estas normas también se aplican a los hombres de la familia? —lo miró con desafío.
—Sí. Nosotros también tenemos nuestras obligaciones.
—Comprendo… —su voz temblorosa la traicionó, aunque logró recuperar el control—. Si existiera la remota posibilidad de que conocieras a alguien… y te enamoraras de ella, harías todo lo posible por olvidarla, ¿no es verdad?
—No puedo darme el lujo de enamorarme, Lali —aclaró sin la más mínima emoción y ella sintió que le destrozaba el corazón—. Ya te expliqué que es una tolerancia que nuestra familia no puede permitirse.
Aunque era la respuesta que esperaba, oírla de su propia voz…

Continuará...

domingo, 12 de agosto de 2012

"Cuñados" Capítulo 27


Hola! como andan? espero que de diez :)
Chicas que pasó con las firmas? :( 
El capítulo de hoy va dedicado a un/una Anónima(o) :)
Un Beso y que tengan una linda semana :D
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—Una vez a la semana, yo solía acompañar a Helenaa de compras. Lo esperaba con ansia, porque era la única forma de salir de esta casa. Hacíamos las compras y comíamos afuera. Helena estaba feliz de actuar como cualquier otra muchacha. Algunas veces íbamos a la playa o al cine…
—¿Cómo conoció a mi hermano? —la interrumpió.
—Oh… sí. Eso sucedió hace más de seis meses. Nuestro coche se había estropeado y Jaime lo arregló. ¡Oh, Lali, si hubiera visto la forma en que se miraban el uno al otro! Nunca había visto a Helena tan dichosa. Se veían cada vez que Jaime venía al puerto. Solíamos ir al pueblo y después yo los dejaba solos…
—¿Qué ocurrió cuando se dio cuenta de que estaba embarazada?
—La engañaron para que les confesara quién era el padre, con el engaño de que lo invitarían a la casa para hablar acerca de los arreglos de la boda.
—¿Hizo eso Peter?
—Peter, en ese momento, estaba fuera en viaje de negocios. Fueron los otros cerdos, el tío y los primos. Helena les dijo la fecha en que regresaría, de modo que esperaron.
No necesitaba escuchar el resto de la historia. Era fácil imaginar lo que le dijeron a Peter a su regreso. Maquinaron todo y, mientras esperaban a Jaime, Peter llegó al Miranda para vengarse.
Estaba temerosa de hacer la siguiente pregunta, pero era necesario:
—Asegura que todos son unos cerdos, Sofía. ¿Está Peter incluido?
—¿Está enamorada de Peter? —la miró pensativa y sonrió.
—No. Desde… luego que no —la negativa no resultaba convincente. Ni siquiera para sí misma.
—No se preocupe. Peter es un hombre difícil, pero honrado. Y trata bien al personal.
—No creo que Peter sepa lo mucho que Helena y Jaime se quieren. Si se lo dijéramos…
—¡No! —Sofía la miró horrorizada—. ¡No lo haga!
—Pero… sin duda le agradaría que su hermana fuera feliz, ¿no es cierto? —preguntó, desconcertada.
—Como usted no es de su clase social no entendería estas cosas —Sofía rió con amargura—. Si fuera tan sencillo, ¿no cree que Helena misma se lo habría confesado?
Lali suspiró. Sin duda Sofía no se equivocaba.
—Aunque imaginan que son muy listos, Helena y yo les tomamos el pelo. Ayudamos a Jaime a escapar y aún no lo imaginan —rió de forma repentina. Miró hacia la puerta como si temiera que la escucharan y continuó—: Tenían a Jaime en una habitación donde se alojan los sirvientes. Su dormitorio estaba junto al mío y como las paredes son finas, por la noche Jaime y yo nos enviábamos recados en voz baja. Me comunicó su plan de escapar, pero necesitaba una cuerda para atar al guardia. Yo se la conseguí.
—¿De modo que no es verdad que ató y amordazó a Helena para obligarla a que se fuera con él? —preguntó con otro suspiro de alivio.
—Desde luego que no —Sofía se mofó de la idea—. Helena ya estaba afuera, esperándolo. De inmediato se fueron al puerto y robaron un barco. Según parece, esos estúpidos todavía no se dan cuenta de que falta uno de sus barcos. Creen que Jaime se dirigió a la carretera y que ahí robó un coche.
—¿Sabe dónde se encuentran ahora? —preguntó Lali, sin aliento.
—No quise saberlo, para que no me obligaran a decirlo. Pero Jaime comentó que usted sabría dónde estaban.
—Sí. Lo sé —Lali sonrió.
—Entonces tenga cuidado de que no la obliguen a decírselo —le advirtió. Se puso de pie y caminó hacia el guardarropa—. Pronto llegará la hora de la cena. Debemos elegir algo muy especial.
Se encontraban solos en el comedor. Lali se había decidido por un vestido de seda roja, escotado, que Helena nunca había usado. A la luz de las velas, Peter estaba guapísimo con una chaqueta de etiqueta blanca.
Era innegable que la comida estaba deliciosa. Por desgracia, la chica estaba demasiado nerviosa como para saborearla. Cenaron en silencio y, cuando el sirviente apartó el último plato, Peter le sirvió otro vaso de vino y sonrió.
—No te emborracharás con este vino, Lali, de modo que no te asustes. Su contenido de alcohol es bajísimo.
—Magnífico. No me apetece despertarme con más dolores de cabeza —tomó el vaso.
—Ese vestido te queda muy bien —comentó, al tiempo que levantaba el vaso en un silencioso brindis—. ¿Dónde lo conseguiste?
—Creo que es de Sofía —mintió—. Ha sido muy amable conmigo.
—Sí —entrecerró los ojos, pensativo—. Es una buena muchacha. Helena y ella se quieren mucho, como si fueran hermanas. Y tengo la sensación de que nuestra pequeña Sofía sabe más de este romance de lo que aparenta.
—No comparto esa impresión —fingió una expresión de sorpresa—. Está muy preocupada por Helena. Al menos no me culpa de lo ocurrido… como el resto de la gente que vive aquí.
—No tienes nada que temer de los de esta casa —le aseguró con acento sombrío—. Te lo aseguro.
—Me alegro de oírlo —señaló, al tiempo que recordaba al muchacho de los ojos claros. Manuel, quién la había mirado como un lobo hambriento mientras Peter les echaba una buena reprimenda. Incluso el tío parecía una serpiente lista para morder.
—Hay muchos aspectos misteriosos en este asunto —Peter jugaba con el vaso—. Voy a llegar hasta el fondo.
—¿Qué quieres decir con eso de misterioso? —preguntó sin malicia—. Creí que habías llegado a la conclusión de que es un caso típico de secuestro. Jaime se llevó a Helena e intenta canjearla por mí.
—Tu hermano golpeó a su vigilante y lo ató de pies y manos. Parece que en silencio entró en la suite de Helena. La amordazó para que no gritara, se la echó al hombro como un saco de patatas y salió por la puerta principal —levantó las cejas, escéptico—. La clase de escena que verías en una pésima película. ¿Estás de acuerdo?
—¿Qué insinúas?
—Tenía la esperanza de que pudieras darme algunas ideas.


Continuará...