viernes, 14 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 21



Hola, como andan? Al fin Viernes! ijijij
El capítulo de hoy va dedicado para ruizirene , primera en firmar, e Inma quien firmó, uff...un montón de veces jijij (Gracias por eso)
Espero que disfruten del capítulo!
Besos.
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Aquella noche no consiguió dormir demasiado. Cuando amaneció, le dolía la cabeza, de manera que decidió tomar una ducha fría.
Se puso un chándal de color azul y unas deportivas. Después, abrió la ventana y respiró profundamente. Olía a mar y a resina de pino. Y más allá del bosque pudo contemplar las olas chocando contra la playa.
El sentimiento de enfado e injusticia derivado de la noche anterior desapareció de inmediato, reemplazado por una extraña mezcla de culpa y arrepentimiento. Ahora entendía que le había dado razones más que suficientes para que se enfadara con ella.
Desde su llegada no había hecho otra cosa que dejar claro que no era su prometida y que no tenía intención de casarse con él. En tales circunstancias, no tenía derecho alguno a mencionar a Pamela.
Por mucho que lo negara intelectualmente, su corazón sabía que estaba celosa. Había cometido el clásico error de confundir sexo con amor. Además, no podía creer que se hubiera enamorado de un hombre que era un completo enigma. Sin embargo, de no haber estado enamorada, no habría corrido a buscar excusas a su comportamiento.
Las cosas se habían complicado bastante. No pertenecía a aquel lugar y ambos lo sabían. Peter sólo intentaba mostrar cierta consideración hacia Cristina y hacia los lugareños que creían en la leyenda, pero a la hora de la verdad, se casaría con la mujer que él eligiese.
Decepcionada, se apartó de la ventana, arregló la cama y bajó por las escaleras.
Al llegar al recibidor se detuvo. No se oía nada. De manera impulsiva abrió la puerta principal de la casa, salió y caminó hacia la playa, entre los árboles. La playa estaba desierta, y un par de gaviotas volaban en lo alto, observándola con curiosidad. A su izquierda, la playa avanzaba hacia el pueblo, de modo que comenzó a correr en dirección opuesta.
Corrió hasta que no pudo más. Descansó un poco y siguió corriendo durante diez minutos más hasta que llegó al otro extremo de la bahía. Entonces subió a una roca y contempló el panorama. No había visto nada tan bello en toda su vida. Las grandes olas del Atlántico chocaban a lo largo de la costa contra los acantilados rojizos, en un paisaje virgen no contaminado por la civilización. Un lugar donde cualquier poeta podría encontrar la inspiración, donde cualquier alma atormentada podría encontrar la paz.
Tal vez fuera la sensación de soledad y la belleza, o tal vez sus propios sentimientos, pero una lágrima resbaló por su mejilla. Perdida en sus pensamientos, se sentó sobre la roca durante un buen rato, hasta que se levantó suspirando y regresó a la casa.
El ejercicio había despertado su apetito. En cuanto entró en la mansión, el olor a bacon la guió directamente a la cocina. Cuando se encontraba en el pasillo, escuchó la voz de Peter y dudó. La perspectiva de enfrentarse a él tan temprano no le apetecía demasiado, pero era consciente de que debían verse cara a cara en algún momento. Intenta recomponer su autoestima, respiró profundamente y entró.
—Buenos días.
El ama de llaves se dio la vuelta y sonrió.
—Estaba esperándote. Sírvete el zumo de naranja y los cereales. Mientras tanto, te prepararé algo apetitoso.
Incómoda por la presencia del dueño de la casa, se sirvió un vaso de leche y se sentó en la mesa, frente a él. Peter estaba tomándose un café.
—Parece que esta mañana te has levantado con espíritu deportivo —dijo con ironía—. ¿Piensas salir a correr?
—Ya he salido —murmuró, molesta por su tono de sarcasmo—. Me levanté hace una hora y salí a correr por la playa.
Peter pareció impresionado.
—Bien. El aire fresco del mar hace milagros. ¿Has dormido bien?
—Como un tronco —mintió.
—Sí, supongo que se deberá al gasto de energía que hiciste anoche —comentó con inocencia, levantando la voz para que el ama de llaves pudiera oírlo—. Lali me dejó impresionado anoche. Para ella era la primera vez, pero adoptó el ritmo de inmediato. Creo que se divirtió tanto que le habría gustado continuar toda la noche.
Lali lo miró aterrorizada.
—¿A qué te refieres? —preguntó la señora Belén. Los ojos verdes de Peter brillaron con malicia. No podía creer que fuera a contar lo sucedido.
—Al baile —rió, divertido—. Le dije que no participara, pero se empeñó en hacerlo.
Lali lo miró durante unos segundos. La había engañado por completo.
Peter se sirvió otra taza de café.
—No te molestes en preparar comida. Lali y yo comeremos en el hotel. Y probablemente, no regresaremos hasta tarde.
—Bueno, si pensáis ir a Inverness, podríais traer…
—Hoy no. Voy a sacar el Flamingo para pescar salmones en La Bahía —dijo, mirando a Lali—. No te importará dar un pequeño paseo en barco, ¿verdad?
Lali sabía que no tenía elección, a pesar de que su experiencia en el yate no había despertado en ella ningún amor por la navegación. Apartó el vaso de leche y dijo:
—Como quieras, Peter. Pero no me gustaría molestarte.
—No te preocupes, no me molestarás. De hecho, insisto en que vengas conmigo —sonrió.
—En tal caso, ¿cómo puedo negarme, cariño?
El tono de sarcasmo de su voz pasó desapercibido a la señora Belén, que sonrió y suspiró, encantada con lo que parecía ser una típica conversación entre enamorados.
Dos horas más tarde condujeron hacia el pueblo y aparcaron en el puerto. El Flamingo era un barco pequeño, pero de línea poderosa y aspecto veloz. Peter se detuvo un momento en el muelle, observándolo con orgullo y dándole todo tipo de explicaciones sobre el navío.
Lali escuchó con cierto aire distante, asintiendo cuando debía, hasta que al cabo de un rato preguntó:
—¿Vamos a ir muy lejos?
—A unas veinte millas marinas.
—¿Vas a recorrer veinte millas para pescar? —preguntó asombrada.
—¿Por qué no?
—Bueno, a decir verdad, no me interesan demasiado los peces.
—Lo siento por ti. La futura dama del clan debería estar interesada por todo lo que tiene que ver con su comunidad.
—Mira, Peter, ahora estamos solos y podemos hablar con sinceridad. Tú no quieres casarte conmigo, de modo que no necesitamos continuar con esta farsa.
Peter apretó los labios enfadado. La tomó por los hombros y su voz sonó con la fuerza de un látigo.
—No sabes lo que quiero, pequeña loca. Que me case o no contigo depende exclusivamente de ti.
Sus ojos negros lo miraron, desafiantes.
—Ya. Me olvidaba de que tu esposa debe merecer tu posición social. Creí que el matrimonio tenía, que ver con el amor, no con el dinero.
Peter la soltó, pero sin dejar de observarla con atención.

Continuará...

jueves, 13 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 20



Hola, como andan?
Muy pocas firmas chicas...
El capítulo de hoy va dedicado para camila primera en firmar! :)
Bienvenida EstilosSuper Tops! 
Espero que disfruten del capítulo!
Besos
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Lali se encontraba de pie junto a la chimenea. Aceptó la bebida que le ofreció, una mezcla de whisky con agua. Tomó un poco, dejó el vaso sobre la repisa y lo miró con nerviosismo.
—De acuerdo. ¿De qué quieres hablar?
Peter arqueó una ceja.
—De ti y de mí. ¿De qué si no? —contestó, bebiendo un poco y mirándola por encima del borde del vaso—. ¿Te has divertido en la fiesta?
—Sí —contestó con inseguridad—. De hecho, me he divertido bastante.
—Me alegra ver que conectaste con el espíritu de la ocasión —declaró, caminando hacia ella—. Ahora nos encargaremos de que conectes más a fondo.
Peter dejó a un lado su copa. Todas las dudas que pudiera tener sobre sus intenciones desaparecieron en cuanto sintió que empezaba a desabrocharle la camisa. De forma instintiva intentó apartarlo, pero después se rindió a lo inevitable. No podía encontrar las fuerzas para resistirse al deseo que sentía. El simple contacto de sus dedos contra la piel de su cuello había bastado para que se estremeciera de los pies a la cabeza.
Cuando alcanzó el tercer botón la miró y dijo con total tranquilidad:
—No quiero casarme con una mujer que no disfruta de una vida sexual saludable.
—Y quieres probarme antes de comprarme, ¿verdad?
Intentó decirlo con ironía, pero no fue nada convincente.
—En efecto —contestó él, desabrochando el último de los botones.
Le quitó la camisa con suavidad y la dejó caer sobre la alfombra. La atrajo hacia sí, le quitó el sujetador y observó su cuerpo desnudo, lleno de deseo.
En cualquier otro momento, Lali se habría sentido terriblemente avergonzada, pero el evidente placer que denotaba su rostro la llenó con tal alegría que la caricia de sus ojos bastó para que se excitara.
Peter la besó de forma tan apasionada que apenas se dio cuenta de que acababa de quitarle la falda. Sin apartarse de ella, completó la operación desnudándola por completo. Entonces dio un paso atrás y la observó de nuevo. Al igual que la vez anterior, su mirada denotó una admiración absoluta.
—Dios mío —susurró él, de forma reverencial—. Eres preciosa. Terriblemente deseable.
Peter comenzó a desnudarse, ante la fascinada atención de Lali. La suave luz del fuego iluminaba su cuerpo dándole la apariencia de un dios griego, viril, casi esculpido en bronce.
La tomó en sus brazos y sus bocas se unieron. Ella notó que acariciaba sus senos con sensibilidad, bajando después hacia su estómago y hacia, su pubis. Sus dedos se introdujeron entre sus piernas y Lali lo mordió en el hombro con un gemido. Lentamente fueron deslizándose hasta el suelo, donde lo miró excitada mientras continuaban su danza erótica.
Peter la besó de nuevo. Poco a poco fue descendiendo hasta llegar a sus senos. Acarició su pelo; al notar que se colocaba sobre ella, apartó las piernas y arqueó el cuerpo como respuesta a su deseo. Cuando entró en su interior, sintió un leve dolor y gimió de nuevo. Segundos más tarde comenzaba a moverse de forma rítmica, derritiéndola en un delirio sensual.
Lali apoyó la cabeza en su cuello. El mundo había dejado de existir. Sólo existían sus cuerpos, el brillo del fuego en la chimenea, y la pasión que la dominaba. Su masculino olor embriagaba sus sentidos, inflamándola. Hicieron el amor hasta que al cabo de un rato un sonido casi animal surgió de la garganta de Peter. En el preciso momento en que se deshacía en ella, el cuerpo de Lali se estremeció de forma convulsiva. Apretó los dedos sobre los duros músculos de su espalda y suspiró, satisfecha.
Peter la besó durante un buen rato, hasta que su respiración se normalizó. Después se apartó de ella y la atrajo hacia sí de tal forma que estaban mirándose cara a cara. Su frente estaba cubierta de sudor. Alegre, sonrió encantada.
—Te dije que era virgen, ¿no es cierto?
Peter le dio un beso en la punta de la nariz y empezó a jugar con el lóbulo de su oreja.
—No lo había dudado ni un sólo momento.
—Mentiroso. No podías esperar a descubrir si era cierto, ¿verdad?
—No. Y tú tampoco podías esperar a demostrármelo. A juzgar por los sonidos que hacías, creo que te ha gustado la experiencia.
Lali sonrió de nuevo.
—¿Qué oportunidad tendría contra un hombre como tú una simple chica inocente como yo? Un par de copas, una alfombra lujosa frente a una chimenea, una iluminación cálida… Me pregunto a cuántas mujeres habrás seducido con el mismo procedimiento.
Peter estaba acariciándole la nuca.
—He perdido la cuenta. ¿Importa mucho?
Ella inclinó la cabeza y lo besó en el pecho.
—No, pero me preguntaba qué te habré parecido en comparación con las demás.
—Yo diría que eres de las mejores —contestó, después de fingir que estaba pensándolo.
—¿Sólo eso? —bromeó—. Mmmm… Hieres mis sentimientos. Si fueras un caballero de verdad, habrías mentido. Habrías dicho que soy la mejor.
—De acuerdo. Entonces eres la mejor. Las demás no eran nada comparadas contigo.
—¿Incluso mejor que Pamela? —preguntó con inocencia.
Peter se puso en tensión, como si hubiera tocado una de sus fibras más sensibles. Todo calor había desaparecido de repente, bajo el peso de su evidente irritación.
—La relación qué mantengo con Pamela no tiene nada que ver contigo —espetó.
La tristeza de Lali se transformó rápidamente en resentimiento. Cuando terminaron de vestirse, ella preguntó, furiosa:
—Es tu novia, ¿verdad?
—Ya te he dicho que no es asunto tuyo.
Lali lo miró con incredulidad, sin comprender cómo podía ser tan insensible. La había elevado a cumbres desconocidas hasta entonces para dejarla caer segundos más tarde y colocarla en su sitio.
—Por supuesto que es asunto mío. Hasta hace unos minutos era virgen. He dejado que me hagas el amor, y creo merecer al menos cierta consideración.
—Has hecho el amor conmigo porque has querido —puntualizó—. Los dos nos hemos divertido, nada más. Si intentas sacar otras conclusiones, te estás engañando.
—Sí, tienes razón, Peter. Me he engañado —declaró con amargura—. Pensé que por primera vez en mi vida había conocido a un hombre sincero y decente, alguien de quien me podía enamorar. Pero estaba equivocada, como de costumbre. Puede que seas atractivo y que tengas dinero y buena posición, pero sólo eres un cínico sin corazón.
Lali caminó hacia la puerta con intención de marcharse, pero Peter la detuvo, impidiéndole el paso. La luz del fuego se reflejaba en sus ojos, dando a su rostro una expresión aún más dura.
—Has conseguido estropear lo que habría sido una noche preciosa.
Ella lo miró, incrédula.
—¿Yo? ¿Te atreves a acusarme a mí?
—Sí, a ti. Estás celosa.
—¿Yo? ¿Celosa? —rió—. Estás loco.
—Entonces, ¿por qué has preguntado por Pamela? Si no son celos, ¿por qué tendrías que preocuparte por las mujeres que conozco?
Su lógica resultaba aplastante e incontestable.
—Ya te lo he dicho. Pensé que…
Lali recapacitó a tiempo y no terminó la frase.
—Pensaste que te estabas enamorando de mí —dijo él—. Me honras con ello, pero el que te encuentre atractiva sexualmente no quiere decir nada en absoluto. Aún no te has ganado la exclusividad de mis sentimientos. Hasta que te ofrezca la posibilidad de ser la primera dama del clan veré a todas las personas que me apetezca, cuando me apetezca.
—Por mí no hay ningún problema. Siempre y cuando entiendas que a partir de ahora no dejaré que te acerques a mí. Ahora, aparta ese maldito brazo y deja que pase.
Lali pegó un portazo al salir y se dirigió a su dormitorio.


Continuará...

No todo es lo que parece...
Qué rol está tomando Pamela en esta relación?
Lali se vengará de la horrible actitud que tuvo Peter, luego de haber hecho el amor?
Interesantes capítulo se aproximan...

miércoles, 12 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 19




Hola, como andan?
No saben lo que me paso hoy jajaj tuve que "arrear" a una yegua con su potrillo. Ambos se habían metido en un terreno que es de mis papas, pero como dice el dicho "La tercera es la vencida". Tuve que perseguirlos 150 mts. TRES VECES! jajajaj pero me divertí y creo que los vecinos también...no todos los días se ve a una niña persiguiendo un par de caballos jajajaj
El capítulo de hoy va dedicado para ruizirene897 primera en firmar!
También va mención especial para Inma que fue una de las que más firmo :)
Espero que disfruten del capítulo de hoy!
Besos
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Peter la miró como diciendo que ella se lo había buscado. La agarró del brazo y la llevó hacia la pista, donde se encontraban las restantes parejas, dispuestas a comenzar. Casi de manera instantánea Lali se arrepintió, pero la música empezó enseguida y no tuvo más remedio que continuar.
Su rapidez y sus reflejos impidieron que terminara en el suelo y que hiciera el ridículo. El baile terminó al cabo de un rato y Peter la alejó de la pista.
—Ahora sé por qué recomendaste que me pusiera algo ligero.
—Sí —dijo él, mirándola de arriba a abajo—. Necesitas hacer un poco de ejercicio. No estás en buena forma.
Lali entrecerró los ojos, pero antes de que pudiera encontrar una forma de contraatacar a su crítica, él cambió de conversación.
—No podemos seguir bailando juntos. Se supone que debemos charlar con el resto de los invitados. Hay unas cuantas señoras de edad avanzada que se sentirían muy ofendidas si el jefe del clan no las saca a bailar. Mi rango impone ciertas obligaciones.
—Nobleza obliga —se burló ella—. Pero no necesitas preocuparte por mí. Tomaré otra copa y…
—Haz lo que prefieras, pero ten cuidado con el whisky. No te emborraches. Tengo planes para ti cuando lleguemos a casa.
La besó con rapidez en la mejilla, se dio la vuelta y se alejó.
Lali lo miró, sorprendida. Planes. Aquello sonaba vagamente amenazador, sobre todo si significaba lo que creía que significaba. Pero estaba decidida a dar una lección al jefe del clan de ojos verdes que tan irresistible se creía.
Suspiró, caminó hacia el buffet y se sirvió un refresco. Los invitados charlaban y reían entre ellos; deseó haber entendido portugués para poder unirse a la fiesta. La diferencia de idioma incrementaba su sensación de desarraigo. No pertenecía a aquel lugar, y nunca pertenecería a él. De vez en cuando alguien sonreía y ella devolvía la sonrisa, pero el contacto no parecía profundizar mucho más. Tenía la impresión de que no conseguiría hablar con nadie.
—Hola, Lali. ¿Te diviertes?
Lali reconoció la voz de inmediato. Más animada, se dio la vuelta y sonrió aliviada a Ingrid.
—Estaba recobrando el aliento después del baile.
La dependienta rió.
—Sí, ya os vi en la pista. Si piensas que ese baile es rápido, espera a que toquen Strip the willow Es letal. Acepta mi consejo y siéntate. Por cierto, ¿dónde está Peter?
—Cumpliendo con sus obligaciones sociales. Esparciendo su encanto por toda la sala —bromeó—. Se supone que yo debería estar haciendo lo mismo, pero resulta difícil cuando no se conoce a nadie.
—Es típico de los hombres marcharse de repente. Pero de todas formas, me conoces a mí. Tomaremos algo y después te presentaré a algunas personas para que rompas el hielo. Lady Pamela nunca habría permitido que Peter la abandonara en una fiesta. Se habría pegado a él como una lapa —declaró, abriendo una lata de zumo de naranja—. No sé qué ve en ella. Es preciosa, pero Peter no es estúpido. Debería saber el tipo de mujer que es.
Lali odiaba los cotilleos, pero deseaba ser educada, de modo que demostró cierto interés por su comentario.
—No puede ser tan mala.
—¿No? Espera a conocerla. Ni siquiera es aristócrata. La llamamos Lady Pamela por su actitud.
De repente gimió, se mordió el labio y añadió, nerviosa:
—No le contarás lo que he dicho a Peter, ¿verdad? No le gustaría.
Lali sonrió.
—No te preocupes, no diré nada.
Ingrid parecía bastante incómoda.
—Peter tiene razón, hablo demasiado. Debería aprender a cerrar la boca. Pero de todos modos, no importa. Cuando os hayáis casado no tendrá razón alguna para aparecer de nuevo.
Lali decidió que había llegado el momento de cambiar de conversación.
—¿Qué hay de esos amigos de los que me habías hablado? ¿Vas a presentármelos?
Poco antes de medianoche, y mucho antes de que terminara la fiesta, Peter le dijo que debían marcharse. Cansada y bastante alegre, lo siguió y subieron al todoterreno.
—Me alegra comprobar que seguiste mi consejo y que te encuentras razonablemente sobria —comentó al arrancar.
Por primera vez desde que se conocían, parecía estar contento con ella.
—No ha sido fácil —dijo—. Todo el mundo tenía una copa en la mano, como si no pudieran vivir sin ella.
—Sí —rió él, sin apartar la vista de la carretera—. Puede que tengas razón.
En la oscuridad podía contemplar su duro y atractivo rostro. Lali se preguntó si no estaría empezando a gustarle. Enamorarse de él era algo que ni siquiera podía plantearse, aunque deseara tocarlo, aunque deseara sentir sus labios una vez más. No, no era amor, no podía serlo. Sólo era la excitación de la fiesta y el fuego de sus venas.
Había estado charlando con Ingrid y con otras chicas. Entre las cosas que habían dicho y lo que había conseguido adivinar, empezaba a conocer mejor a Peter y a las gentes del lugar.
Eran sinceros, nobles y cariñosos. Al parecer, Peter contaba con gran cantidad de virtudes, y en abundancia, aunque las ocultara bajo una muralla de granito. No había ninguna mujer de Puerto Lanzana que no estuviera enamorada de él, pero ninguna parecía molesta con su súbita aparición. La vieja leyenda se había hecho realidad y nadie se atrevía a discutirla. Podían envidiarla, pero el destino la había escogido, luego debía merecer tanto honor y felicidad. Su lógica resultaba tan aplastante y altruista que la sorprendió. Hasta entonces no había experimentado nada por el estilo. Hasta entonces, el mundo había estado lleno de oportunistas y canallas egoístas dispuestos a hacer cualquier cosa.
Cuando llegaron a la casa, seguía pensando en ello. Peter la invitó a entrar, cerró la puerta a su paso y la tomó del brazo mientras avanzaban hacia la biblioteca. El fuego aún estaba encendido, brillando en la oscuridad, y Lali sintió que su pulso se aceleraba. Estaba entre aterrada y excitada por lo que pudiera ocurrir.
—Creo que será mejor que me vaya a la cama —se atrevió a decir—. Ya hablaremos mañana.
Peter encendió una pequeña lámpara que había sobre el escritorio. Entonces vio la determinación que brillaba en sus ojos verdes.
—No, Lali, hablaremos ahora. Creo que ha llegado la hora de que nos conozcamos mejor.

Continuará...

TAN-TAN me siento mal con esto chicas...ajaja pero como siempre mañana tendrán la continuación, por ahora tiren sus apuestas!

martes, 11 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 18


Hola, como andan?
El capítulo de hoy va dedicado para  Flopy Musa primera en firmar! :)
Pequeña aclaración, la nove no es mía, si no de Mar_cha (fotolog)
Espero que disfruten del capítulo de hoy!
Besos
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Lali se puso una camisa de algodón, de color azul claro, y una falda corta tableada. A las ocho y media bajó a la biblioteca para pasar la inspección de Peter. Lo descubrió de pie junto al fuego, con un vaso de whisky en la mano.
La observó con tal detenimiento que ella se ruborizó.
—Dijiste que me pusiera algo ligero y bonito.
—En efecto, eso dije —comentó, admirando su cuerpo con lentitud—. Estás muy bien.
El aspecto de Peter también era bastante normal. Llevaba unos pantalones algo desgastados y una camisa blanca, pero tuvo que admitir que resultaba un hombre letalmente atractivo se pusiera lo que se pusiera.
En realidad, no le apetecía mucho la perspectiva de conocer a sus amigos, de modo que comentó con amargura:
—No tengo ganas de asistir a la fiesta. Todo el mundo estará observándome, y tú esperas que pasee de un lado a otro con una estúpida sonrisa en los labios, intentando fingir que me divierto.
—Te divertirás, tienes mi palabra —dijo con sequedad—. De todos modos, no tienes elección. Daniel Murillo ha dicho que quiere conocerte. Es su mayor deseo.
—Pues yo no deseo conocerlo a él —espetó—. Ni a ningún otro amigo tuyo.
—Es el cumpleaños de Daniel, y cumple ciento veinte años. Es una fiesta en honor. Como todos los demás, ha sabido de tu llegada y quiere conocer a la Ladydark que llegó del mar antes de que sea demasiado tarde.
—Oh, si me lo hubieras dicho desde el principio… —declaró, frunciendo el ceño—. ¿Qué significa Ladydark?
—La chica morocha —contestó.
Peter apuró el whisky que quedaba en su vaso, lo dejó sobre la chimenea y después le dio un pequeño paquete.
—Este regalo es para él. Quiero que se lo des en nuestro nombre. Le encantará el detalle.
—Por supuesto —comentó, tomando la cajita—. ¿Puedo saber qué contiene?
—Una pipa nueva y una bolsa de su tabaco preferido.
Lali lo miró con incredulidad.
—¿Tiene ciento veinte años y aún fuma?
Peter se encogió de hombros.
—Sí. Se toma media botella de whisky todos los días, y por si fuera poco le gustan mucho las mujeres, de modo que no te sorprendas si esta noche coquetea contigo.
Lali notó por su mirada que estaba bromeando.
—Muy bien, vamos allá antes de que cambie de opinión.
Cuando subieron al vehículo para dirigirse al ayuntamiento del pueblo, el sol ya se había hundido en el horizonte y las primeras estrellas iluminaban el cielo. Más allá de la carretera se podía ver el puerto, repleto de barcos con linternas en los mástiles, que vacilaban. La puerta del edificio estaba abierta, de tal manera que podían escuchar el sonido de las risas de los asistentes. Lali sabía que en cuanto cruzara el umbral todas las miradas se fijarían en ella, y tenía miedo de decir algo estúpido.
Su nerviosismo se incrementó cuando Peter la abrazó por los hombros y la miró intensamente.
—Una advertencia antes de que entremos. Quiero que esta fiesta sea un éxito. Aprecio mucho a Daniel. Por favor, no me dejes en mal lugar. Recuerda quién se supone que eres y, actúa en consecuencia.
Lali lo miró en silencio, enfadada, pero suspiró y apartó la mirada de inmediato.
—Lo intentaré, pero no puedo prometerte nada. Nunca he sido buena actriz.
—Pues piensa que esta noche estás intentando conseguir el Oscar —dijo, echándole el pelo hacia atrás y mirándola con ojos de depredador—. Tal vez necesites un beso para estar más motivada.
Los ojos negros de Lali se abrieron de golpe, alarmados.
—No creo que sea necesario, no es…
Peter la besó. La ferocidad del inesperado asalto a sus dulces labios continuó hasta que sintió su lengua. Segundos después, el jefe del clan aflojaba su abrazo, como invitándola a separarse, pero Lali estaba tan excitada que no prestó demasiada atención. Le temblaban las piernas, y su corazón latía a toda velocidad. Cuando Peter se apartó, estaba mareada.
—¿Y bien? —preguntó él—. ¿Ha mejorado tu humor o necesitas más?
Vagamente, Lali pensó que era una pregunta bastante estúpida en aquel instante.
Peter sonrió y tomó su rostro entre las manos.
—Ya veo que te has quedado sin palabras —continuó—. Y ardiendo de deseo. Es una buena señal. Ahora debes agarrarte a mi brazo con naturalidad, para que podamos entrar.
Toda una multitud los esperaba en la entrada del ayuntamiento. Al verlos, sonrieron y les dieron la bienvenida, apartándose con respeto para que Peter pudiera avanzar. Lali miró a su alrededor, intentando aparentar calma. Las paredes y techos estaban decorados. Había mesas con comida y bebida por todas partes, y una banda de músicos en el escenario. Los más viejos descansaban sentados mientras los jóvenes se dedicaban a charlar. El invitado de honor se encontraba en una larga mesa, flanqueado por sus igualmente ancianos parientes. Mientras avanzaban, la animada conversación de los asistentes fue convirtiéndose en un murmullo hasta que todos dejaron de hablar. Se detuvieron ante el anciano. Entonces, Peter sonrió y dijo:
La Ladydark ha venido para presentarte sus respetos y desearte un feliz cumpleaños, Daniel.
El anciano levantó la mirada. Sus ojos brillaban con energía en un rostro curtido por los elementos. La observó con atención, asintió y sonrió a su vez.
—Hemos traído un regalo, señor Murillo.
Lali intentó mantener la compostura y le dio el regalo. Para su sorpresa, el anciano tomó su mano y se la besó.
Sobre la mesa descansaban varios vasos de whisky, llenos. Peter tomó uno, lo levantó para brindar por él y empezó a hablar en portugués. Después se bebió el contenido de golpe, como parecía ser la costumbre, tomó otro vaso y se lo dio a Lali. No sabía qué hacer. Pero repitió el gesto de Peter y dijo:
—Señor Murillo, estoy aquí para presentarle mis respetos, pero ha sido usted el que me ha hecho el honor al besar mi mano. Buena salud entonces para un caballero tan galante.
El whisky quemó su garganta, pero estaba decidida a comportarse adecuadamente, de modo que lo soportó. Un murmullo de aprobación llenó la sala.
—¡Dios mío! —murmuró a Peter cuando se hubieron alejado—. Me arde el estómago. Creo que voy a ponerme enferma.
Peter la agarró del brazo con fuerza.
—Ni se te ocurra. La sensación desaparecerá dentro de unos minutos, pero será mejor que sólo tomes limonada durante las próximas dos horas.
A pesar de su dolor de estómago, consiguió controlarse. En aquel instante la orquesta empezó a tocar un vals, y Peter la llevó hacia la pista. Dieron una vuelta entera ante la mirada del resto de los asistentes, hasta que las otras parejas se animaron y comenzaron a bailar con ellos.
—Eres una buena bailarina —murmuró a su oído—. Eres tan rápida con los pies como con la lengua. Por cierto, me has impresionado con el brindis. Eres mejor actriz de lo que crees.
—No estaba actuando. Es un hombre impresionante. Lo que dije lo dije en serio.
Cuando terminó el vals sonó un redoble de tambor. Anunciaron algo en portugués desde el estrado. Peter se encogió de hombros y la llevó a una mesa.
—Será mejor que te quedes aquí esta vez. Es un baile tradicional.
La idea de alejarse de él le agradó, pero la extraña sensación que tenía en el estómago había desaparecido y no tenía ganas de sentarse.
—No quiero sentarme —protestó—. Dijiste que me divertiría y eso es precisamente lo que voy a hacer. Puedes enseñarme.
—Es rápido y muy complicado —comentó él, mirándola con incredulidad.
—¿Y qué?

 Continuará...

lunes, 10 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 17


Hola, como andan?
El capítulo de hoy va dedicado para  Vale primera en firmar :)
También va una mención especial para Inma quien fue la que más firmó :)
Flopy Musa de pende de ustedes la cantidad de capítulos por día ;)
Un abrazo psicológico y que tengan un lindo Martes!
Besos.
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—Encajan perfectamente. La medida exacta de mis manos, ¿no te parece?
Lali se apartó y se dio la vuelta para mirarlo, enfadada.
—No ha sido muy educado por tu parte.
Peter sonrió con ironía.
—Al contrario, Lali. Me ha dado un placer más que considerable. Tu cuerpo me excita. La necesidad de tocarte me resulta irresistible.
—Me refiero al susto que me has dado.
Sus ojos verdes se clavaron en ella.
—¿Quieres decir que no te importa que te toque siempre y cuando te avise con anterioridad?
Lali suspiró. Aquel hombre era perfectamente capaz de interpretar a su antojo todo lo que dijera.
—Preferiría que no me tocaras nunca. Creo que me sentiré mucho mejor cuando tu ama de llaves esté cerca. ¿La has encontrado ya?
—No, pero no puede estar lejos —contestó, mirando a su alrededor—. Creí que estaba aquí.
—La puerta estaba entreabierta. No estaba cotilleando, por si lo has pensado.
—Puedes entrar donde quieras. Si te apetece puedo enseñarte la casa, para que te acostumbres a ella. Cuanto antes la conozcas, mejor.
—¿Mejor para quién? Este nunca será mi hogar. Para empezar, es demasiado grande. Me siento perdida.
—Te acostumbrarás —aseguró mirando a su alrededor, encantado—. No puedes esperar que el jefe de un clan viva en una cabaña de pescadores. Estoy muy orgulloso de la mansión de mis antepasados. Si te aburres, hay cientos de libros que puedes leer, y todo tipo de discos. Aunque si prefieres una ocupación más activa, siempre me tendrás a mano.
—Sí, eso me temo —murmuró, antes de hacer un gesto hacia la fotografía del diploma—. ¿Qué estudiaste? ¿El arte de la seducción?
—No. Soy ingeniero civil.
—¿Y por qué no estás haciendo algo así como construir carreteras en África en lugar de jugar a ser dueño y señor en un pueblo de Brasil?
—Estuve trabajando en la India, pero no con carreteras, sino levantando hospitales —contestó, mientras recogía una de las fotografías en las que aparecían sus padres—. Tuve que regresar cuando se mataron en un accidente. Y en cuanto a «jugar a ser dueño y señor», también te equivocas en eso. La vida de las dos mil familias del lugar depende de mi habilidad para los negocios. Tengo una responsabilidad que cumplir con ellos.
Lali bajó la mirada y murmuró una disculpa.
—Lo siento. No pretendía…
Peter se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. Lali pensó que su disculpa no había servido de nada, y se sorprendió al observar que la esperaba en el umbral, como si nada hubiera sucedido.
—Vamos, te enseñaré la casa.
La tomó del brazo y avanzaron por el recibidor. Peter abrió una puerta y encendió la luz.
Lali respiró profundamente, admirada. En el techo había una enorme araña de cristal que iluminaba con centenares de luces el brillante suelo de roble. Al fondo del enorme salón había una gigantesca chimenea, flanqueada por armaduras. Las paredes estaban decoradas con escudos de armas, estandartes y retratos de sus antepasados. Peter empezó a hablar acerca del Gran Lanz, que habitualmente se festejaba en aquel salón, pero Lali estaba demasiado impresionada como para prestar atención a sus palabras. Observaba el maravilloso lugar como una turista encantada.
Pero su trance no duró mucho. Una voz la devolvió a la realidad. Una voz que procedía del umbral.
—Peter, ¿me buscabas?
—¡Señora Belén! Entre. Le presento a Lali.
El ama de llaves era una mujer delgada de unos sesenta y tantos años, con buen aspecto físico, sonrisa amigable y una actitud cálida que demostró al estrechar su mano, animándola un poco.
—Siento no haber estado cuando llegó —se disculpó—. Estaba ayudando a una amiga que ha tenido gemelos.
—No se preocupe —dijo Peter—. Ya le he enseñado su habitación.
—Sí, pero supongo que no le habrás ofrecido un té, ¿verdad? Venga conmigo a la cocina y le prepararé algo —dijo después, dirigiéndose a ella.
Lali dudó durante unos segundos. Miró a Peter, pero él se limitó a encogerse de hombros y a decir:
—Te veré más tarde. Tengo muchas cosas que hacer.
La cocina era grande y moderna, y el té, caliente y dulce. Se sentaron a la mesa, y, al cabo de un rato, ya se estaban tuteando.
—Bueno, Cristina tenía razón cuando hablé con ella por teléfono. Eres preciosa.
Lali apartó la mirada, avergonzada.
—No es precisamente el término que yo utilizaría.
—En tal caso digamos que eres atractiva y modesta. ¿Te ha gustado la habitación?
—Sí, es muy bonita —contestó—. Toda la casa es… enorme. No sé cómo te las arreglas tú sola.
El ama de llaves la observó en silencio durante unos segundos, sonriendo con amabilidad.
—Tienes miedo de este lugar, ¿verdad, Lali? Pude notarlo en tu rostro cuando os descubrí en el salón de ceremonias.
Lali sonrió avergonzada.
—Supongo que sí. No esperaba que fuera tan grande y no estoy acostumbrada.
La señora Belén asintió.
—Lo comprendo. Es exactamente lo que sentía Claudia cuando el viejo jefe la trajo.
—¿Claudia?
—La madre de Peter. Era francesa.
Lali recordó la preciosa mujer de la fotografía, y también recordó la historia que le había contado Ingrid.
—¿Es cierto que se conocieron cuando su yate se hundió?
—Ya conoces la leyenda, según veo —contestó la mujer.
Lali sostuvo su taza buscando una respuesta. Peter le había advertido que no ridiculizara a las gentes del lugar por sus creencias, y, por si fuera poco, debía recordar que estaba interpretando el papel de su prometida. Si decía algo inapropiado seguramente se lo contaría a él.
—Bueno, supongo que hay algo de cierto en ella —declaró al final.
La señora Belén rió.
—Sí, desde luego es cierto en lo relativo a su madre. Su barco se hundió en la regata anual de las islas del este, hace treinta y tantos años. Veinte años antes, el capitán de una fragata de la marina recogió a los supervivientes del Athenia, que fue hundido por un torpedo al principio de la guerra. Pues bien, había una jovencita española á bordo que se llamaba Martina y que…
Lali se estremeció de nuevo.
—¿La abuela de Peter?
El ama de llaves asintió, sonriendo con benevolencia.
—En efecto, y ahora ha sucedido algo parecido contigo. Llegaste a la playa y te recogieron. Saliste del mar, como todas las demás. Puede ser la leyenda, o una coincidencia, o simplemente que la historia se repite. Pero da que pensar, ¿no te parece? En fin, intentaba decirte que Claudia se sentía como tú cuando llegó. Encontrar un marido es algo romántico, pero la responsabilidad y las obligaciones inherentes al cargo de primera dama del clan, y el sentirse rodeada por los siglos de antigüedad de esta mansión… Puedo entender perfectamente lo que sientes.
Lali dudaba que pudiera hacerlo, pero no podía contarle la verdad a la señora Belén.
Cuando terminaron de tomar el té, el ama de llaves se levantó bruscamente.
—Tengo mucho tiempo antes de empezar a preparar la cena. ¿Por qué no vienes conmigo? Te enseñaré el resto de la casa y los jardines. Al fin y al cabo sentirás curiosidad, si vas a pasar el resto de tu vida aquí.
Lali intentó sonreír con amabilidad, aunque en el fondo estaba terriblemente deprimida.
—Me gustaría muchísimo.

Continuará...

domingo, 9 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 16


Hola, como andan? Yo sorprendida de mi misma...me acabo de leer un libro de 300 paginas en casi tres días...
El capítulo de hoy va dedicado para camila primera en firmar :)
Espero que les guste el capítulo de hoy.
PD: no me paso nada Irene jijij así que no te preocupes :D
Un abrazo psicológico y que comiencen su semana de diez.
Besos!
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Peter dejó los paquetes a los pies de la cama. Era una cama de matrimonio. El edredón estaba doblado de manera que podían verse las sábanas blancas de lino.
—Hice que la criada preparara esta habitación por la mañana —dijo, observándola con atención—. No es la mazmorra que esperabas, ¿verdad?
Caminó hacia el otro lado del dormitorio y abrió una puerta.
—Este es el cuarto de baño. Si hay algo que necesites, díselo a la señora Belén. Ella se encargará de proporcionártelo —añadió.
Por muchas vueltas que diera, no había nada en la habitación que le disgustase. Era grande y aireada, decorada en un tono suave de rosa. Sobre la cómoda había un jarrón con flores, y la alfombra del suelo parecía gruesa y de buena calidad. La ventana se alzaba sobre los árboles que rodeaban la casa, proporcionando una vista panorámica de las aguas azules de la bahía y del pueblo.
—Si no te gusta, siempre puedes compartir la habitación principal conmigo —ofreció Peter, amistosamente—. Es mucho más grande. Tal vez quieras verla, por si cambias de opinión.
Lali hizo un gesto de desdén y caminó hacia la pesada puerta de roble, donde examinó la cerradura.
—¿Hay alguna llave para esta cosa?
—Sobre la cómoda.
—Muy bien. En tal caso, el dormitorio me parece perfecto.
—Entonces te dejaré para que puedas acomodarte —dijo con fría educación—. Sugiero que te vistas adecuadamente para la fiesta de esta noche. Las fiestas del lugar suelen ser bastante intensas.
En cuanto se marchó, Lali tomó la llave y cerró la puerta. Sabía que Peter era perfectamente capaz de derribarla a patadas, pero la ilusión de tener cierta seguridad, aunque fuera falsa, la tranquilizaba.
Había contemplado la mansión desde la casa de Cristina, pero estaba rodeada por un pinar que impedía parcialmente su visión. Cuando el todoterreno aparcó frente a la puerta principal, admiró con asombro el tamaño y la belleza del lugar, tan hermoso que tuvo que hacer un esfuerzo para mantener su fingido aire de indiferencia.
De tres pisos de altura y edificado con granito, encajaba a la perfección en el paisaje rocoso de los acantilados. Las cuatro torres defensivas y las almenas demostraban que original había sido un castillo, y que los antepasados de Peter lo habían levantado con la intención de defenderse de sus enemigos.
Asombrada y sin ningún entusiasmo, subió los escalones del umbral con Peter, después de dejar atrás el arco de la entrada. Después, se detuvieron en el recibidor. El dueño de la mansión dejó los paquetes sobre una mesa y le ordenó con brusquedad que permaneciera allí mientras iba en busca del ama de llaves. Lali aprovechó la oportunidad para echar un vistazo al enorme salón. Las paredes estaban recubiertas con paneles de madera, algo más oscuros que el entarimado del suelo. Había multitud de puertas que daban a otras habitaciones, y una gran escalera a su izquierda que conducía a los pisos superiores de la casa. Olía a cuero y a cera para muebles. Al fondo pudo distinguir un corredor que probablemente llevaba a la cocina. Pensó que si entrecerraba los ojos le resultaría fácil imaginar aquel lugar en tiempos pasados, con multitud de criados llevando comida y bebida para su dueño y señor.
Al oír que mencionaba al ama de llaves se sintió aliviada. Al menos no estaría a solas con él. Pero Peter regresó al cabo de un rato murmurando algo acerca de que nunca conseguía encontrarla cuando la necesitaba. Lali lo miró como sospechando que mentía, pero al cabo tuvo que admitir que seguramente decía la verdad. Alguien debía encargarse de la limpieza, puesto que no podía imaginarlo con un plumero y una escoba.
Irritado, recogió los paquetes y gruñó:
—Tu dormitorio está arriba. Sígueme.
Al menos ahora tenía un poco de intimidad. Se sentó en el borde de la cama y consideró la situación en la que se encontraba. Su dormitorio era muy cómodo, tenía un nuevo vestuario y más dinero del que gastaba habitualmente en un mes. Hasta estaba invitada a una fiesta, aquella misma noche. Para ser una chica que unos días antes carecía de dinero y de acomodo, no podía quejarse. Salvo por aquel hombre imposible. Por Peter Lanzani, el hombre de los ojos verdes.
Ninguna mujer habría sabido cómo tratarlo.
Pero al menos era sincero. O para ser precisos, no le gustaba andarse por las ramas. Lo había dejado bien claro, aunque no le gustara particularmente aunque tuviera la intención de acostarse con ella en cuanto surgiera la oportunidad sólo para satisfacer su deseo. Tal vez fuera el señor de los ciervos y de las águilas, pero su conciencia moral era la de un tigre hambriento.
Sólo tenía una oportunidad, mantenerse alejada de él. Pero no estaba segura de poseer el coraje necesario, ni de que él tuviera la paciencia suficiente como para permitirlo.
Suspiró, se levantó y comenzó a deshacer los paquetes. Escogió unos pantalones azul marino y un jersey blanco, se cambió de ropa y finalmente, contempló el resultado en el espejo. Más tarde se cepilló el cabello y se pintó los labios con una barra de color rosado. Por suerte, el jersey no se ajustaba demasiado a su cuerpo. Peter tenía la sangre demasiado caliente, y no convenía provocarlo.
En cuanto terminó, guardó el resto de las cosas en el armario y bajó las escaleras con nerviosismo.
Al llegar a la planta baja se detuvo, intentando escuchar algún sonido que demostrara la existencia de vida en el lugar. En el recibidor había una puerta entreabierta; se dirigió a ella, con cautela, y llamó. Nadie contestó, de manera que empujó la superficie de madera y entró, conteniendo la respiración.
Sus ojos admiraron los paneles de las paredes, las estanterías llenas de libros, el enorme escritorio y los cómodos y señoriales sillones. En aquella estancia se respiraba un ambiente de intimidad y tranquilidad que aumentó la sensación que tenía de ser una intrusa. Estaba a punto de salir d nuevo cuando vio un grupo de fotografías con marco de plata sobre la repisa de la chimenea. Su curiosidad la empujó a acercarse.
Miró a su alrededor con cierto nerviosismo y caminó hacia ellas.
La primera de las instantáneas mostraba a una pareja de mediana edad que sonreía desde el asiento de un deportivo. Obviamente, eran los padres de Peter; la mujer era bellísima, de ojos oscuros, y podía observarse de nuevo con su marido en la siguiente fotografía.
Peter aparecía en tres. En una debía tener unos diez años, y mostraba con orgullo un pez que había capturado. En otra, se encontraba en un podio, recogiendo algún tipo de trofeo deportivo. Y en la última llevaba una capa y un diploma enrollado.
Estaba a punto de apartarse de la chimenea cuando dos manos aparecieron desde atrás y se posaron sobre sus senos. Rígida por el susto, sintió un aliento cálido en la nuca.

Continuará...

sábado, 8 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 15



Hola, como andan?
Mil perdones se me fue la hora viendo las iluminadas jiijiji
El capítulo de hoy va dedicado para ruizirene897 primera en fimar! :)
Inma, Chari no se preocupen :) gracias por estar!
Un beso!
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—Sólo estábamos hablando sobre el vestido que se pondrá en el Gran Lanz. Estoy segura de que querrás que vaya adecuadamente vestida para la ocasión.
Lali apretó los puños. Cinco minutos más y habría podido preguntar a Ingrid lo que quería saber. Pero ya era demasiado tarde.
Peter se había tranquilizado un poco. Observaba a Ingrid como si fuera un paciente hermano mayor.
—De acuerdo. Has hecho un buen trabajo. Si tuvieras la amabilidad de dejar todas esas cosas en el masetero del Land Rover…
Ingrid salió de la tienda, y Peter aprovechó el momento para entregar un buen fajo de billetes a Lali.
—Esto es para tus gastos personales. Si necesitas más, házmelo saber.
Cuando vio la suma que había depositado en sus manos abrió los ojos sorprendida.
—¡No quiero tu dinero! —susurró furiosa—. Ya te debo demasiado.
Peter se inclinó sobre ella y murmuró:
—Hay una droguería calle abajo. Te sugiero que vayas a comprar todo lo que necesites. Ah, y cómprate algún lápiz de labios. Pero que no sea demasiado atrevido, por favor.
Lali se ruborizó, murmuró algo parecido a un agradecimiento y caminó hacia la salida. No sabía cómo debía reaccionar con él. Era capaz de humillarla con su actitud tiránica o tener un gesto de delicadeza como el que acababa de demostrar.
Cuando terminó de hacer las compras, salió a la calle. Peter estaba esperándola en el vehículo. En cuanto entró, sus ojos verdes se clavaron en ella.
—Ingrid te ha dicho que el Gran Lanz es dentro de un mes, ¿verdad?
Lali se acomodó en posición algo rígida, con las manos en el regazo y mirando hacia delante.
—Sí, mencionó algo al respecto.
Peter gruñó, pero Lali no hizo caso. Empezaba a estar acostumbrada a sus sonidos de desaprobación.
—Claro. Pon a dos mujeres juntas y enseguida empezarán a cotillear y a decir tonterías. ¿De qué otras cosas estuvisteis hablando?
—Oh, de simples cotilleos y tonterías —contestó con sarcasmo—. Hablamos sobre adivinas y leyendas, sobre ese tipo de cosas. Ah, y puedes decirle a Ingrid que no se moleste en pedir el vestido. No pienso quedarme aquí todo un mes.
—¿De verdad? —preguntó con ironía—. Siento oírlo. ¿Es que la hospitalidad de las Sealands (tierra de mar, como llaman a Puerto Lanzana) no es suficientemente buena para ti? Supongo que estás acostumbrada a un ritmo de vida que no podemos proporcionarte, ¿verdad?
Lali se mordió el labio. A pesar de lo mucho que le molestaba, era consciente de que su ironía estaba justificada.
—No tiene nada que ver con la hospitalidad. Te agradezco mucho que me hayas comprado la ropa, y que me hayas prestado dinero. Tampoco olvido lo buena que ha sido Cristina conmigo.
—Entonces, ¿a qué te refieres? —preguntó, arqueando una ceja.
Lali lo miró, enfadada.
—Primero fue Cristina, y ahora Ingrid. Y supongo que con todo el mundo será igual. Intentan ser amables conmigo, pero creo que deberían empezar a vivir en el mundo real. Hablan conmigo como si no fuera una persona con inteligencia y sentimientos propios. En cuanto a ti, es peor. Sabes la verdad sobre lo sucedido, pero no te importo en absoluto. Sólo quieres que cierre la boca y que represente mi papel…
—Sigue, suéltalo de una vez por todas.
—¡De acuerdo, lo haré! Dices que quieres que me quede aquí hasta que decidas si te casarás conmigo o no. ¿Crees que una mujer con un mínimo de orgullo se prestaría a algo así? No vivimos en la edad media. Tenemos ciertos derechos, ¿o es que no han llegado a este lugar del mundo? Si decides casarte conmigo, ¿qué piensas hacer? ¿Llevarme a patadas hasta el altar?
Peter sonrió con cinismo.
—¿Has terminado ya?
—Sí, de momento.
Su fría sonrisa desapareció, y sus rasgos se endurecieron.
—Muy bien, ahora me toca a mí. En primer lugar, es hora de que aprendas a ser más humilde. Si la gente del lugar cree en tradiciones con siglos de historia es asunto suyo. No intentan que compartas sus creencias, pero tampoco les agradará que una forastera se burle de ellos.
—No me burlo de ellos —protestó.
—Mientes. Desde que te vi por primera vez, todos tus gestos y tus actitudes lo han demostrado. Para ti resulta fácil reírte de Cristina, pero yo tengo que vivir con ella. Si no le hago caso, perderé el respeto de mi gente. Pensarán que los estoy traicionando —dijo, suavizando un poco el tono—. En cuanto a llevarte a patadas al altar… tampoco les gustaría. Preferirían que…
—¡No pienso escuchar nada más! ¡La gente! ¡Todo por no molestar a tu preciosa gente! Pues bien, yo también soy una persona. Y no parece importarte demasiado molestarme.
Peter hizo caso omiso de su vehemente protesta y continuó hablando con toda tranquilidad.
—Tengo que considerar la reputación de mi clan. Preferiría casarme con una mujer de la que me sintiera orgulloso, alguien en quien pudieran mirarse. Pero por el momento no pareces esa persona. Cuando te vi por primera vez tuve esperanzas. Sin embargo, mis dudas son cada vez mayores.
Lali lo observaba con asombro.
—Tú misma dijiste que abandonaste tu trabajo porque te habías enfadado con tu novio, en un gesto casi infantil —continuó—, cuando debiste luchar para reparar la injusticia que habían cometido contigo. Luego te involucraste de manera estúpida con una banda de traficantes de drogas y estuviste a punto de perder la vida. Por si fuera poco, tienes veinte años y careces de ilusiones y de amigos. Hasta ahora tu vida no ha sido precisamente un éxito, ¿no te parece?
Lali palideció. Su análisis era bastante correcto.
—Creo que he sido sincera desde el principio, ¿no te parece? —preguntó furiosa—. Te dije que estabas perdiendo el tiempo conmigo, que no pertenezco a este lugar. De hecho, sería la peor esposa del mundo para un hombre como tú. Siempre estaríamos enzarzados en disputas.
—Sí. Una vez más sospecho que tienes razón. Pero tenemos un problema que nos coloca a ambos en una posición bastante difícil.
—¡No veo a qué problema te refieres! Limítate a admitir que todo esto es un error y deja que me marche en el primer barco.
—¿Y cómo se lo explicaría a Cristina y a los demás? —preguntó en tono de burla, riendo ante su expresión de enfado—. El problema mi querida bruja marina, estriba en la atracción sexual que sentimos el uno por el otro. Cuanto más pienso en ello, más me gustas.
Lali supo entonces que una simple sonrisa de frialdad, un gesto despectivo, o un ataque de inventiva, lo habrían puesto en su lugar. Pero en lugar de optar por alguna de las posibilidades que tenía, se sorprendió a si misma sin saber qué decir. Permaneció en silencio diez largos segundos hasta que al final declaró, balbuceante:
—¡Eso es ridículo! No siento nada parecido por ti.
Peter la miró con fingido asombro.
—¿De verdad? Me sorprendes, Lali. Cuando te besé hace un rato, parecías bastante agitada. Yo diría que incluso excitada. Menos mal que me aparté, de ti. De lo contrario, habrías dado un espectáculo público de lo más interesante.
Estaba demasiado avergonzada como para hablar. Apartó la mirada y la clavó en el parabrisas, pero era demasiado consciente de sus ojos verdes, que la observaban como estudiando su reacción, divertido.
—Pero si insistes en que no sentiste nada, debo haberme equivocado —añadió él—. Tendré que intentarlo de nuevo más adelante.
—No habrá una próxima vez —murmuró enfadada—. Me aseguraré de ello.
—Ah, por cierto, se me olvidaba una cosa. Tienes veinte años y dices que aún eres virgen. Eso demuestra tal determinación y autodominio que merece un aplauso —declaró mientras le daba un golpecito en el muslo, estremeciéndola—. Muy bien. Excelente. No hay nada mejor que un reto. Sobre todo cuando el premio es tan deseable.
—El último hombre que intentó forzarme aún lleva las marcas de mis uñas en la cara —advirtió con frialdad.
—Ya. Pero, ¿quién ha dicho que pienso forzarte?
—Si piensas conseguirlo con tu encanto y tu personalidad no llegarás muy lejos conmigo.
—¿No? —rió—. Ya lo veremos. Puede que la fiesta de esta noche inflame los corpúsculos de tu sangre y te ponga del humor adecuado.
—¿Una fiesta? —preguntó asombrada—. No pienso asistir a ninguna fiesta. Olvídate de ello. No tengo nada que celebrar.
Peter se llevó la mano al puente de la nariz y suspiró.
—Irás a la fiesta quieras o no. Todo el pueblo asistirá, y esperan verte a mi lado, sonriendo y divirtiéndote —declaró, mirándola con cierto cansancio—. No me gusta repetirme, pero volveré a decírtelo una vez más, y espero que tomes nota. De ahora en adelante, harás lo que te diga, sin excusas ni discusiones. ¿Lo has comprendido definitivamente?
Lali lo miró con resentimiento.
—Sí —contestó entre dientes.
—Sí, ¿qué?
—Sí, Peter —murmuró.
Peter la observó durante unos segundos. Después apretó de nuevo su muslo y sonrió.
—Muy bien. Ahora que hemos aclarado las cosas, podemos irnos a casa y relajarnos un poco.
Lali consideró ridícula la idea. Cerró los ojos y se humedeció los labios, preocupada. En aquella situación resultaba imposible relajarse.

Continuará...