viernes, 7 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 14



Hola, como andan? Yo con un sueño tremendo ¬¬"
El capítulo de hoy va dedicado para ruizirene897 Primera en firmar :)
Espero que tengan un lindo fin de semana!
Besos 
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—¡Espera a que todo el mundo lo sepa! Nuestras preocupaciones han llegado a su fin. Yo misma he podido contemplar lo mucho que lo amas. No te molestes, pero todas las mujeres de Puerto Lanzana serían felices si se encontraran en tu lugar —suspiró, como si estuviera soñando—. En fin, Peter ha dicho que sólo tienes lo que llevas puesto, así que podemos empezar con la ropa interior. Supongo que querrás algo bonito y atractivo, ¿verdad?
—No, gracias —contestó apresuradamente—. Algo blanco y de algodón servirá.
Lo último que necesitaba en aquel instante era vestirse con ropa interior seductora.
Mientras observaba a la dependienta, tuvo una idea. Cristina no había sabido contestar a sus preguntas, y Peter se había negado a hacerlo. Pero tal vez pudiera obtener algunas respuestas de aquella mujer si hacía gala de cierta persuasión. Con un poco de suerte, podría averiguar lo que estaba sucediendo en aquel lugar.
El problema estribaba en empezar sin que Ingrid sospechara que las cosas no eran tan sencillas como parecían. Estaba observando la ropa interior, e intentando pensar en un modo de hacerlo, cuando la propia Ingrid resolvió el problema.
—Nos alegramos mucho por Peter. Creo que cuando Cristina dijo que estabas a punto de llegar no se lo tomó en serio. He oído que se sorprendió mucho anoche, al saber que te habían encontrado.
Lali se aclaró la garganta, avergonzada.
—Sí, supongo que debió sorprenderse. Yo misma me sorprendí al despertar esta mañana.
—También necesitarás algunas faldas y varios jerséis —declaró Ingrid, cambiando de tema—. Tenemos unas preciosas prendas de cachemira que…
Lali intentó tener paciencia. No ganaría nada presionándola, salvo, tal vez, molestarla.
Después de las faldas y los jerséis, llegó el turno de los vaqueros y de la ropa más desenfadada. Eligió lo que más le agradaba y después comentó:
—Cristina dice que se lo comentó a Peter hace dos meses. ¿Cómo podía saberlo?
Ingrid se encogió de hombros.
—Cristina es vidente.
—¿Vidente?
—Sí, tiene visiones. Ve cosas que van a suceder en el futuro.
—Oh, ya veo. ¿Quieres decir que es adivina?
—En cierto sentido. Pero no se trata de una de esas estafadoras con bolas de cristal y grandes pendientes que sólo mienten a cambio de dinero. Cristina posee un don muy especial. Un don heredado de su bisabuela, según dicen.
Lali rió a su pesar.
—Si es tan buena, debería pasarse por la ciudad. Ganaría una fortuna en la bolsa. Hasta podría…
Dejó de hablar en cuanto notó el gesto de desaprobación de Ingrid, que la miraba con dureza.
—Si hiciera algo así, le quitarían el don de inmediato —declaró con solemnidad—. Sólo se puede usar para las cosas realmente importantes.
Lali supo de inmediato que pisaba terreno resbaladizo, e intentó disculparse, avergonzada.
—Lo siento. No pretendía burlarme de Cristina. Ha sido muy buena, de hecho, me cae muy bien.
—No te preocupes. Imagino que todo esto debe parecerte muy extraño. Aquí hacemos las cosas de manera diferente. El año pasado estuve en Francia, y después pasé un par de días en Londres. Todo me resultó tan raro que me hago cargo de la situación.
Lali lo dudaba, pero se cuidó mucho de comentarlo. Sabía muy bien que nadie podía predecir el futuro, pero si los habitantes de aquel pueblo lo creían, era asunto suyo.
Ingrid había comenzado a empaquetar las compras cuando de repente se detuvo y empezó a decir algo en portugués. Pero de inmediato advirtió su incomprensión y la miró como disculpándose.
—Lo siento. Olvidaba que eres argentina y que no sabes hablar nuestro idioma. De repente he recordado que necesitarás algo especial para ponerte en el Gran Lanz, dentro de cuatro semanas.
Lali no esperaba pasar allí tanto tiempo.
—¿Qué es el Gran Lanz?
—Una gran fiesta que se da en la casa del jefe, dos veces al año. Todo el mundo asiste, incluidos los jefes y damas de los otros clanes, y muchos emigrantes. Te aseguro que te divertirás —sonrió—. Necesitarás un bonito vestido de noche. Creo que pediré que envíen uno desde Francia.
Tuvo la sensación de que se estaba hundiendo irremisiblemente. Desesperada, intentó salir de aquella situación.
—Escucha, no creo que sea necesario que te tomes tantas molestias.
—¿Molestias? ¿Qué molestias? Hacía mucho tiempo que no me divertía tanto. De todas formas, Peter dijo que te diera todo lo que necesitaras, y necesitas un vestido —declaró, observándola con atención—. Veamos. Tiene que ser el vestido más bonito que haya visto nadie. Sobre todo si al final aparece Lady Pamela. Y seguro que vendrá.
Lali suspiró para sus adentros. Ni siquiera estaba dispuesta a preguntar quién diablos era Lady Pamela. Todo aquello se le estaba escapando de las manos, pero, a pesar de todo, se atrevió a intentar ahondar un poco en los misterios de aquel lugar.
—Cristina mencionó algo sobre una leyenda. Una que dice que el jefe del clan siempre se casa con una mujer llegada del mar. No lo comprendo. ¿Qué quiere decir?
Ingrid terminó de cerrar el último paquete con una cinta.
—Ya está. No se me ocurre nada más que puedas necesitar. ¿Y a ti?
—No. De hecho hay más cosas de las que necesito. Pero, ¿qué hay de la leyenda?
Ingrid se encogió de hombros.
—Es cierta. Todas vienen del mar, como tú.
—¿Todas? Resulta difícil de creer.
—¿Por qué? —preguntó, frunciendo el ceño—. Es cierto. Mi memoria no se remonta a los siglos pasados, pero sé que la madre de Peter llegó del mar. Su padre estaba participando en una regata. Uno de los veleros naufragó, y rescató a la mujer que sería su esposa. Se enamoraron y se casaron. ¿No es romántico?
Lali sintió un escalofrío.
—Sí, muy romántico.
—En cualquier caso, Cristina es la persona adecuada para ese tipo de preguntas. Lo sabe todo sobre la leyenda —dijo, para volver después a la conversación original—. Creo que pediré un vestido verde claro, quedará bien con tus ojos:
A Lady Pamela no le gusta el verde, así que no hay peligro de que llevéis vestidos parecidos. Siempre ha vestido muy bien. Compra su vestuario en Dior. No se contenta con nada que no sea lo mejor.
En aquel momento sonó una voz, desde la entrada.
—Ya basta de cotilleos, Ingrid.
La dependienta sonrió a Peter, sin sentirse en modo alguno afectada por su expresión de desagrado.

Continuará...

jueves, 6 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 13



Hola, como andan??
El capítulo de hoy va dedicado para Vale primera en firmar! :)
Animo, animo con las firmas!
Un abrazo psicológico!
Besos
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La calle principal discurría a lo largo del puerto. Más o menos a la mitad detuvo el vehículo, frente a un gran almacén con un letrero desgastado que decía Fashion Imperio Lanzana.
—Sal del coche. Tenemos que hacer unas cuantas compras —dijo con brusquedad, sin mirarla.
Había aprendido que, cuando hablaba con aquel tono de voz, era mejor obedecerlo. Salió del automóvil a regañadientes y lo siguió al interior de la tienda.
A pesar de su destartalado aspecto exterior, el interior la sorprendió. Era tan moderno como cualquier gran almacén de capital, bien iluminado y con multitud de prendas de todo tipo, desde faldas hasta vestidos, pasando por jerséis.
Una mujer morena de ojos brillantes les dio la bienvenida con una sonrisa.
—Buenos días, Peter —dijo, volviéndose después hacia Lali—. Usted debe ser la mujer de la que habla todo el mundo. Anoche dio un buen susto al viejo Gabriel.
La dependienta pareció notar su confusión, porque amplió la explicación de inmediato.
—Se trata del hombre que la encontró en las rocas. Después de dejarla en casa de Cristina vino al pueblo a tomar algo en el pub. Temblaba tanto que tuvo que tomarse cuatro jarras de cerveza antes de ser capaz de contarnos lo sucedido. Una hora y seis jarras más tarde tuvieron que llevarlo a su casa y meterlo en la cama.
Peter sonrió con tolerancia.
—Muy bien, Ingrid. Pero no prestes demasiada atención a lo que se dice por ahí. Ahora tienes trabajo que hacer. La joven se llama Lali, y no tiene nada en el mundo, salvo la ropa que lleva puesta. Yo tengo que hacer unas cuantas cosas en el puerto, así que tienes media hora para darle todo lo que necesite. Si hay algo que no puedas proporcionarle, llama a Agustín y pide que te lo envíen en el primer barco.
Antes de que Lali pudiera reaccionar, Peter ya se había marchado. Parpadeó, murmuró una disculpa a la chica y salió corriendo en su búsqueda.
Peter se detuvo, se volvió y frunció el ceño.
—¿Qué ocurre?
—¿Y aún lo preguntas? ¡Yo te diré lo que sucede! No quiero que…
Peter la tomó por los hombros y apretó con fuerza.
—Deja de gritar. Ingrid está observándonos desde el escaparate. Y creo recordar que ya te he advertido acerca de tu comportamiento, ¿no es cierto?
Lali respiró profundamente.
—¿Quién va a pagar todas esas cosas? —preguntó, en voz más baja.
La pregunta le pareció tan irrelevante que contestó como si estuviera hablando con una niña.
—Yo, por supuesto. Tú no estás en posición de hacerlo, ¿no te parece?
—No quiero ropa nueva. Estoy muy bien con la que tengo. Ya compraré algo más cuando haya conseguido dinero.
—¿Y cómo vas a conseguirlo?
—Trabajando, claro está —contestó, mirando a su alrededor—. Tiene que haber alguien que necesite una ayudante temporal.
—Lo dudo. Además, no puedo permitir que andes por ahí pidiendo trabajo. Tienes una posición que mantener. Creía que ya lo había dejado claro…
Lali lo interrumpió con otro furioso susurro.
—Sé muy bien lo que pretendes. Quieres que te deba tanto dinero que tenga que quedarme varios meses para poder pagártelo.
La acusación pareció divertirlo.
—No seas ridícula. No le negarías a un hombre la posibilidad de hacer unos regalos a su prometida, ¿verdad?
—¡No soy tu prometida!
Peter no dejó de sonreír. Pero su tono de voz sonó amenazador.
—Ya hemos discutido el tema, y no puedo malgastar mi precioso tiempo. Hasta que decida qué hacer contigo tal vez no seas mi prometida, pero te comportarás como si lo fueras. ¿Comprendido?
Una simple mirada a las heladas profundidades de sus ojos verdes bastó para acallarla. La aterraba tanto que no pudo hacer nada, salvo asentir y decir, en un hilo de voz:
—Sí.
—Tengo un nombre —le recordó—. Úsalo a partir de ahora.
—Sí, Peter.
—Mucho mejor. De ahora en adelante, cuando te dirijas a mí lo harás de manera respetuosa. Nadie grita al jefe del clan. Nadie se dirige a él de malas maneras.
—Sí… Peter.
—Ingrid sigue observándonos —comentó él, mirando por encima de su hombro—. Estará esperando que demuestres cierto afecto y gratitud. Y no queremos decepcionarla, ¿verdad?
Un brillo de rebeldía apareció en los ojos de Lali, pero desapareció de inmediato.
—¿Qué quieres decir?
—Creo que un beso bastará —le informó en tono burlesco—. Pero tiene que parecer convincente. Pasa los brazos alrededor de mi cuello y deja que yo haga el resto.
Lali intentó convencerse de que un beso no le haría ningún daño. Además, no tenía elección. Nadie la ayudaría, y por si fuera poco era consciente de que no le convenía poner a prueba su paciencia. Probablemente, era capaz de arrojarla al mar del que había surgido.
Insegura, pasó los brazos alrededor de su cuello y se puso de puntillas. Al acercarse se sintió súbitamente atraída por su olor masculino, y observó fascinada su boca mientras descendía hacia ella. Al notar el contacto de sus labios, cerró los ojos y se dejó llevar; al cabo de unos segundos la sensación de sorpresa se convirtió en apasionamiento, en un intenso calor que la invadía de los pies a la cabeza. Sus instintos dormidos despertaron cuando sintió su muslo entre las piernas, cuando notó que sus senos se apretaban contra el poderoso pecho de Peter.
Hizo ademán de apartarse. Pero fue el último gesto de su dignidad. En seguida, desapareció toda resistencia; la lengua del jefe del clan entró en su boca, y ella abrió los labios, sin aliento, sucumbiendo a su dulzura y a su sensualidad.
Empezó a responder. Al principio tentativamente, con lentitud. Y después, con una creciente avidez y con un deseo desconocido para ella hasta entonces. Se trataba de una apetencia insaciable que la avergonzaba en parte, pero no le importó en absoluto. Ciertamente, no era la primera vez que la besaban. Sin embargo, no había sentido algo así en toda su vida. Era como si sus hormonas hubieran empezado a correr por sus venas, alocadas, en un mar de champán.
Peter se apartó unos segundos más tarde. Cuando abrió los ojos, descubrió el gesto de inesperado placer de su rostro.
—Eres bastante buena besando —murmuró con voz ronca—. Tenemos que repetirlo cuando tengamos más público. Pero ahora será mejor que regreses a la tienda, antes de que Ingrid empiece a padecer de tortícolis por mirarnos todo el tiempo.
El jefe del clan comenzó a alejarse, y ella se quedó plantada en el sitio, con ojos vidriosos, temblando, sumida en un mar de emociones contradictorias. Por una parte, estaba el tremendo poder sexual de aquel hombre; por otra, la vergüenza que sentía al no haberse podido controlar. O estaba ante un verdadero demonio en cuestiones amorosas o Cristina había vertido algún brebaje en su té. Ya nada podía sorprenderla.
Respiró profundamente para tranquilizarse y para que su rubor desapareciera antes de regresar a la tienda. Ingrid la recibió con una sonrisa de aprobación.

Continuará...

Chan Chan! Mm...que creen que este pensando ahora nuestro querido Petersin? jijij 
Besos y que tengan un lindo Viernes! :)

miércoles, 5 de septiembre de 2012

No hay nove ¬¬"


Hola, como andan? Yo...qué les pasó chicas? las firmas calleron, las visitas por el suelo...(me siento como esos empresarios cuando cae la bolsa o algo así) 
Espero su comprensión! 
Besos! y que tengan un lindo Jueves. Aguante, aguante que ya se termina la semana :)

martes, 4 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 12



Hola, como andan?
Hoy se van a desilucionar un poco con Peter...y ay! no saben las ganas que tengo de contarles lo que va a ocurrir...Solo les digo que en esta nove digamos que al principio uno duda un poco en la actitud de Peter, no como en la NOVE de ruizirene897 que Peter es un tierno jij :)
El capítulo de hoy, hablando del rey de roma, en este caso reina va dedicado para ruizirene897 primera en firmar.
PD: vale me encantan tus comentarios, son tan...simples y concisos jajaja 
Besos!
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—¿A qué casa? —preguntó alarmada.
—A la mía, por supuesto. Vivirás allí a partir de ahora.
La idea no le pareció nada agradable. Era como meterse en la guarida del león.
—Ya, y supongo que me encerrarás en las mazmorras, encadenada a la pared como el resto de tus prisioneros. Creo que si no te importa, declinaré la invitación.
Peter suspiró, levemente irritado.
—Preferiría que cambiases de actitud. Pero de todas formas, no tienes elección.
—Por supuesto que la tengo —contraatacó—. Puedo llamar a la policía y declarar en contra de la banda. Me buscarán alojamiento en algún hotel hasta el día del juicio, y después podré volver a Buenos Aires.
—Yo no lo haría, Lali. Agüero debe creer que te ahogaste anoche. Si de repente te presentas a declarar en su contra, puede que intenten implicarte para vengarse. Sería tu palabra contra la suya, y son cuatro. A mí me has convencido, pero puede que no te resulte tan fácil convencer al juez —declaró, encogiéndose de hombros—. Sería una pena que una joven tan atractiva languideciera en la cárcel durante diez años.
Lali lo miró, derrotada.
—Ya veo. De modo que intentas extorsionarme, ¿verdad? O me quedo aquí o me entregarás a la policía.
—Confieso que no lo había pensado. Pero ahora que lo mencionas…
—Eres despreciable. Prefiero pasar diez años en la cárcel antes que casarme con un hombre como tú.
Peter sonrió e hizo un gesto negativo con la cabeza.
—No, no harás tal cosa. Ahora sé que no formabas parte de la banda, y te aseguro que me encontrarás mucho más amable.
Lali lo miró, boquiabierta.
—¿Qué? ¿Estás diciendo que me creías culpable? —preguntó, indignada—. ¡Por Dios! ¿Es que tengo aspecto de traficante de drogas?
—No lo sé —contestó, encogiéndose de hombros—. ¿Qué aspecto tienen los traficantes de drogas? Que yo sepa, cualquier aspecto. De todos modos, cuando intenté averiguar cómo habías llegado aquí te comportaste de forma muy sospechosa, como si tuvieras algo que ocultar.
—Odio a los traficantes de drogas —murmuró ella, pensando en Agüero mientras se frotaba la cadera.
—Y yo. Al menos tenemos algo en común.
—Pues no te hagas demasiadas ilusiones. Si tengo que quedarme aquí, me sentiría mucho más a salvo en casa de Cristina.
—Lo siento. Eso no es posible —dijo con firmeza, sonriendo—. No puedo llegar a conocerte mejor si vivimos a dos kilómetros de distancia. Además, Cristina cree que fueron los espíritus quienes te trajeron. Y será mejor que hagamos caso a nuestra vieja amiga. Por si acaso.
Mientras el Land Rover avanzaba a trompicones por el camino de tierra, Lali permaneció sentada en silencio, rígida, con expresión enfadada, y furiosa. No dejaba de dar vueltas al asunto. Aquel hombre debía estar loco no cabía otra explicación. Y Cristina debía de encontrarse en la misma situación. Algo lamentable, porque parecía una anciana encantadora e incapaz de hacer daño alguno. En cierto modo, también lo sentía por él. En otras circunstancias, tal vez habrían podido mantener una relación. Había, algo en él que despertaba sus instintos, instintos tan básicos como los de cualquier otra mujer con sangre en las venas. No podía negar que unos minutos antes se había sentido mareada al notar sus brazos alrededor de su cuerpo.
Peter detuvo en seco el todoterreno, y, al hacerlo, interrumpió los pensamientos de Lali. Habían dejado atrás la casa de Cristina y estaban a mitad del camino de la colina que terminaba en el pueblo. Echó el freno de mano y la miró frunciendo el ceño.
—Relájate. Parece que vas a estallar en cualquier momento. Ten en cuenta que las noticias corren muy deprisa en un lugar tan pequeño como éste, y a estas horas todos sabrán que estás aquí —comentó con cierto humor—. Estarán deseando saber qué clase de mujer han enviado para que se case con su jefe.
No podía creerlo. No se trataba sólo de Cristina y de él. Todo el pueblo estaba loco. Pero tenía que haber alguien con sentido común, alguna persona razonable.
—Te estaría muy agradecido si hicieras un pequeño esfuerzo para aparentar felicidad —continuó—. De otro modo se entristecerán.
—Esto es una locura. Supongo que sospecharán de la manera que tuve de aparecer.
—No, estoy seguro de que no se interesarán por algo tan trivial —declaró con firmeza—. Pero de todas formas, diremos que estabas de vacaciones y que una tormenta hizo naufragar tu yate, por si hay forasteros en el pueblo. De ese modo, seré el único que conozca tu relación con los traficantes. Creo que será más seguro para ti. Al menos por el momento.
No había error alguno. Por su tono de voz resultaba evidente que estaba amenazándola. O sonreía y disimulaba o la entregaría a las autoridades.
Peter la miró como advirtiéndola por última vez. Entonces quitó el freno de mano y continuaron hacia el pueblo.

Continuará...

lunes, 3 de septiembre de 2012

"Llegada de Mar" Capítulo 11


Hola, como andan?
El capítulo de hoy va dedicado para Masi_ruth Primera en firmar! :)
Besos!
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—A principio intentó convencerme de que no se trataba de drogas, pero notó que no lo creía. Lo amenacé con avisar a la policía en cuanto llegáramos a puerto. Entonces se enfadó y me amenazó con una pistola.
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Supuso que se trataba de un efecto tardío del terror que había sufrido la noche anterior. Probablemente, tendría pesadillas durante seis meses, y no podría volver a probar los melocotones en toda su vida.
—Iba a matarme —continuó con voz rota—. Pude verlo en sus ojos. Estaba esperando a que nos alejáramos para arrojarme por la borda y observar cómo me ahogaba.
Lali cerró los ojos. Se estremeció de nuevo, y de repente se encontró entre los brazos de Peter, que la consolaba. Aquel contacto de apenas unos segundos bastó para que tuviera la impresión de que el mundo se había detenido.
—Ya me encuentro mejor —murmuró—. Puedes soltarme.
Él la llevó hacia una roca y le pidió que se sentara. Después, caminó hacia el todoterreno y regresó con una petaca;
—Toma un poco, te sentirás mejor.
Lali lo probó y empezó a toser.
—¿Qué es esto?
—Whisky con miel. Un conocido remedio para casi todas las cosas, desde la depresión hasta la neumonía.
Lali sintió que una ola de calor invadía su cuerpo. Respiró profundamente. Se alegraba de encontrarse bien y a salvo, aunque fuera en un lugar como aquel.
Se levantó. Peter la observó con detenimiento, como si quisiera asegurarse de que estaba más tranquila. Satisfecho, preguntó:
—¿Cómo lograste escapar del camarote?
—Salí por el ojo de buey —contestó, con toda la naturalidad del mundo—. Ya era de noche, pero sabía que nos encontrábamos cerca de la costa. Entonces vi una luz, supe que era un lugar habitado y salté. Pero no podía imaginar lo fría que estaba el agua. Al cabo de unos segundos empecé a notar los primeros síntomas de congelación. Recuerdo una gran ola que me arrojó contra una roca, y después nada más. Hasta que desperté al día siguiente en la casa de Cristina.
Peter la observó con intensidad. Su expresión no denotaba emoción alguna.
—Una historia muy bien estructurada —comentó con ironía.
—Sabía que no me creerías —dijo ella, disgustada.
—Encuentro bastante difícil de creer que una persona pueda escapar saliendo por el ojo de buey de un yate. Aunque sea tan delgada como tú.
—Pues lo hice —insistió—. No fue fácil. Me quedé atascada, pero conseguí salir.
Peter la observó con atención antes de hablar.
—Mmmm. Bájate los pantalones.- Lali lo miró, boquiabierta.
—¿Qué?
—Ya me has oído. Bájate los pantalones.
—No pienso hacer tal cosa —espetó, apartándose de él, alarmada.
—Tal vez prefieras que lo haga yo por ti.
—No te atrevas a ponerme un dedo encima —le advirtió—, O te aseguró que te sacaré los ojos.
—Por Dios, sé razonable. No pienso violarte. Cuando quiera saborear las delicias de ese precioso cuerpo que tienes, lo haré en un lugar más cómodo.
Aquella declaración no sirvió en modo alguno para tranquilizarla. Parecía decidido a intentar seducirla más tarde o más temprano.
—Entonces, ¿por qué quieres que me quite los pantalones?
—Si tuviste problemas para salir por el ojo de buey, tendrás alguna rozadura. Probablemente en las caderas —explicó con lentitud—. Anoche examiné tus heridas, pero no observé nada, salvo en tu sien.
Lali se ruborizó al recordar la caricia de sus manos.
—En tal caso no habrás mirado con suficiente atención. Aunque para empezar, no tenías derecho a hacerlo.
—Si no tienes ninguna marca, sabré que me has mentido.
—Las tengo, puedo asegurártelo —insistió con vehemencia—. Me dolían muchísimo cuando me bañé esta mañana.
—Demuéstramelo.
—Jamás.
Peter dio un paso hacia ella y Lali retrocedió hacia el todoterreno. Al observar su expresión decidida, el corazón de la joven comenzó a latir más deprisa.
—¡De acuerdo! —exclamó—. No me toques, te lo demostraré.
Le dio la espalda, se bajó los pantalones, y se apartó levemente las braguitas para que pudiera contemplar su cadera.
—¿Lo ves?
—Ahora, el otro lado.
Lali repitió el proceso.
—¿Satisfecho? ¿Ya has visto bastante?
Peter la observó divertido mientras volvía a subirse los pantalones, de forma apresurada.
—Sí, al menos por ahora. Cuando lleguemos a la casa te daré algo para que puedas curarte esas heridas.


Continuará...

domingo, 2 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 10


Buenas Tardes!!! como andan? 
No puedo pensar que mañana ya es Lunes...Necesito vacaciones! jajaja
El capítulo de hoy va dedicado para ruizirene897 Primera en firmar! :)

Pequeña aclaración, últimamente hasta mi propia familia me llama Paula, pero es Pauli jij
Recuerden mis queridas lectoras que pueden seguir el blog por Twitter en la aplicación que aparece al lado izquierdo de la pantalla jjeje
Un abrazo psicológico y espero que comiencen con una sonrisa esta semana :)
Besos.
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—No, es cierto —comentó al fin—. Pero ha sido culpa mía.
—Es una lástima que le haya sucedido algo así en el extranjero —declaró, tendiéndole la mano—. Me llamo Rodrigo Agüero. Estoy aquí con mi esposa y con un par de amigos.
Lali estrechó su mano y sonrió con educación.
—Encantada. Yo soy Lali Espósito.
—¿Ha perdido todo lo que tenía? —preguntó el hombre, con tristeza.
—Sí, y no sé cómo voy a regresar a casa. La habitación del hotel está pagada hasta esta noche, pero mañana tendré que dormir en la playa e intentar encontrar un trabajo en alguna parte.
—Necesitaría un permiso de trabajo. Y en cuanto a dormir en la playa, no se lo recomendaría. Hay demasiados individuos extraños por ahí —dijo, pensativo—. Escuche, señorita Espósito… No sé si le parecerá bien, pero creo que puedo ayudarla. Aunque por supuesto, depende de usted.
La experiencia le decía que no debía confiar en ofrecimientos de extraños, sobre todo cuando no había pedido su ayuda. En general, nadie daba nada a cambio de nada.
Pero el hombre pareció leer sus pensamientos.
—En realidad, nos haría un favor a mi esposa y a mí. Tenemos que regresar en barco a Argentina, esta misma noche, pero nuestra cocinera ha decidido quedarse aquí. Al parecer, se ha enamorado de un portugués, y no quiere dejarlo. Así que el puesto es suyo si lo quiere.
Sonaba demasiado bueno para ser cierto.
—Es una oferta muy amable, señor Agüero, y le estoy muy agradecida, pero temo que no sé mucho de cocina.
—Admiro su sinceridad, pero no debe preocuparse —rió Agüero—. No esperamos maravillas a bordo del Caprice. Sólo una cocinera normal y corriente. Y estoy seguro de que será perfectamente capaz de hacerlo.
Una voz interior le decía que tuviera cuidado. Todo aquello era demasiado fácil, demasiado casual. Sin embargo, pensó que tal vez estuviera pecando de desconfiada. La oferta del señor Agüero parecía sincera. Si dejaba pasar aquella oportunidad tendría un verdadero problema para regresar a Argentina.
—El viaje no durará mucho tiempo —continuó él, intentando persuadirla—. Y obviamente, nos encargaremos de que reciba un justo pago por su trabajo.
Lali sonrió al fin, convencida.
—Muy bien, señor Agüero. ¿Cuándo quiere que empiece?
—Bueno, la llevaré ahora mismo al barco y se lo enseñaré.
Tomaron un taxi para ir al puerto. Después, avanzaron por el muelle hasta llegar a una embarcación de buen tamaño. No sabía nada de barcos, pero podía reconocer el lujo cuando lo veía. Bajo el puente, había una escalerilla que daba a los camarotes delanteros. El salón y el camarote principal se encontraban en la proa, y la cocina en la popa. Cuando bajaron, Agüero abrió una puerta que se encontraba al extremo de la cocina.
—Este será su camarote. Es pequeño, pero creo que lo encontrará bastante cómodo.
—Es muy bonito —sonrió.
—Bueno… Mi esposa y mis amigos están de compras en este momento. Tengo que reunirme con ellos en el hotel, para comer. Pasaremos fuera la mayor parte del día. No creo que regresemos hasta esta noche —declaró, sacando un papel del bolsillo—. Aquí tiene una lista con las provisiones que necesitamos. Iba a recogerlo yo mismo, pero será su primer trabajo. Ahí tiene el nombre y la dirección del proveedor. Ya está todo pagado. Le daré dinero para que pueda llamar un taxi y podrá ir a buscarlo esta misma tarde.
Lali dejó de contar lo sucedido y miró a Peter.
—No cree una palabra de lo que estoy diciendo, ¿verdad?
—Siga —contestó él, impaciente—. De momento no sé lo que creo ni lo que dejo de creer.
Lo miró en silencio, enfadada, antes de continuar con su narración.
—Tenían muchas provisiones. De hecho, se trataba de cuatro cajas de gran tamaño. Me pregunté para qué necesitarían tantas cosas para un simple viaje a Argentina. El taxista las dejó en el muelle, y yo tuve que llevarlas al interior del yate.
Peter la observaba con atención.
—El señor Agüero, su esposa y sus amigos regresaron a las nueve y media. Me presentó a su mujer y a la otra pareja y se alejó hacia el puente. Al cabo de unos segundos oí que arrancaba el motor. Cuando nos alejamos del puerto, bajó y examinó el contenido de las cajas. Tres estaban llenas de latas de melocotones. Me dijo que las pusiera a un lado porque eran un regalo para un amigo, pero ya entonces me pareció extraño. Nadie regala tres cajas de latas de melocotones.
Lali se detuvo un momento antes de continuar.
—Todo marchó bien hasta anoche. Me limitaba a desempeñar mi trabajo y mantenerme al margen. No me gustaban las dos mujeres. A pesar de sus modales y de los aires que se daban parecían dos mujeres de vida alegre, muy ensortijadas y…
—Olvídate de las mujeres. Sólo me interesa lo que sucedió anoche.
—Estoy intentando explicarlo.
Respiró profundamente y siguió hablando.
Una mancha en el suelo de la cocina llamó su atención. Siguió el rastro hasta las cajas de los melocotones, sacó la lata que estaba goteando, la abrió y yació el contenido en un bol. De inmediato se sorprendió. La lata era demasiado grande para la pequeña cantidad de melocotones que habían caído. Miró en el interior y descubrió que había dos compartimentos separados. Acto seguido intentó ver si conseguía averiguar lo que contenía. Un polvo blanco apareció ante sus ojos. Era cocaína, o algo parecido.
—¿Cómo supiste que era droga? —preguntó Peter.
—Bueno, estoy segura de que no se trataba de polvos de talco. Nadie se habría tomado la molestia de esconderlos.
—Desde luego —dijo él—. Pero continúa.
—Abrí otra lata con idénticos resultados. Y de repente, pensé que yo las había subido a bordo. Si la policía los hubiera detenido al salir del puerto, Agüero habría dicho que no sabía nada de nada. Habría dicho que me había contratado como cocinera y que yo había utilizado la oportunidad para traficar con drogas sin su conocimiento. En cualquier caso, el propio Agüero interrumpió mis pensamientos en seco. Me alcanzó, me apuntó con una pistola y me encerró en un camarote con la amenaza de regresar más tarde a ajustarme las cuentas. Pero prefiero no aburrirte con los detalles.
—Quiero conocer todos los detalles —insistió él—. ¡Todos!
Ella se encogió de hombros.

Continuará...

sábado, 1 de septiembre de 2012

"Llegada del Mar" Capítulo 9


Buuuuuenas Noches! como andan?? yo relajándome, luego de una semana intensa :) 
Quiero saber de ustedes...que han hecho durante el día?. En el lugar donde viven hoy hizo calor o frío?. Algo interesante les ocurrió hoy día?. Su príncipe azul al fin se atrevió y llamó a sus puertas? jaaja 
El capítulo de hoy va dedicado para ruizirene897 primera en firmar...de nuevo jajaja :) Nuevamente les recomiendo su nove. háganos caso a Inma y a mi  :) (está en su blog por si acaso) 
@Ari_StaFe Bienvenida!! espero que te guste la nove!
PD: Inma y ruizirene897 gracias por sus lindas palabras :)
Un abrazo sicológico y que pasen un lindo Domingo, nos vemos mañana :D
Besos
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—Sí, sospecho que tienes razón. Pero aquí soy yo el que decide, no tú. A partir de ahora tendrás que contestar mis preguntas, sin trucos ni mentiras. ¿De acuerdo?
—No tengo por costumbre mentir —espetó enfadada—. Y me niego a…
Su voz la interrumpió en seco, como una espada de frío acero.
—Al igual que tú, yo tampoco he nacido ayer. Ibas en un barco con sólo cinco pasajeros, así que descubrirían enseguida tu desaparición, ¿no te parece? Esta mañana me puse en contacto con los guardacostas para preguntarles si alguien había denunciado una pérdida. Pero no lo habían hecho. ¿Qué dices a eso?
—Puede que aún no hayan podido ponerse en contacto…
Peter la agarró por el hombro y la obligó a mirarlo.
—No denunciaron tu desaparición porque no querían llamar la atención sobre ellos. Esa es la verdad, ¿no es cierto?
Lali se humedeció los labios, nerviosa. Peter la aterraba.
—Mira, yo…
—Ahorra palabras. Dos horas después de que te encontraran, un yate llamado Caprice atracó en un muelle desierto, a veinticinco kilómetros de aquí. La policía estaba esperándolos, y tus amigos están ahora bajo custodia.
Se sintió aliviada al conocer el final del señor Agüero y su banda, pero su alivio duró poco. De repente, comprendió que Peter la tomaba por uno de ellos.
—Creo que has sacado una conclusión equivocada.
—¿De verdad? —preguntó con escepticismo—. Tú misma dijiste que eras miembro de la tripulación. Si no te hubieras caído «accidentalmente», ahora estarías encerrada.
Al sentir la presión de su mano, vaciló.
—Suéltame el hombro, maldita sea. Estás haciéndome daño.
Peter la soltó.
—¡De acuerdo! Te he mentido. Pero sólo era la cocinera del barco. No sabía lo que estaban haciendo, y no me caí por la borda. Salté —suspiró—. Es una larga historia, y probablemente no la creerías.
—Tal vez sí, pero no sigas mintiendo. ¿Comprendido? Si no formabas parte de la banda, ¿qué hacías en esa embarcación?
—Acabo de decírtelo. Sólo era la cocinera.
—Si tú lo dices… Deberías inventar algo mejor.
—¡Maldita sea! ¡Estoy diciendo la verdad!
—¿Cuánto tiempo trabajaste para ellos?
—Sólo unos cuantos días. Los conocí en Portugal. La habitación de mi hotel…
—¿Qué estabas haciendo en Portugal?
Resultaba evidente que no pensaba darse por satisfecho hasta que no conociera todos los detalles sobre el asunto, de modo que comenzó de nuevo.
—Cuando me separé de mi novio, dejé el trabajo y decidí tomarme unas vacaciones.
—Para curar tu corazón roto, supongo.
Lali hizo caso omiso de su comentario y continuó explicándose.
—Saqué todos mis ahorros del banco, cerré mi casa y tomé el primer avión. Pasé las dos primeras semanas nadando y paseando por la playa, jurándome que ningún otro hombre volvería a utilizarme —declaró, mirándolo con amargura—. Pero me equivoqué, como siempre.
Peter la observaba con expresión opaca.
—El día antes de regresar a Argentina, entraron a robar en mi habitación y robaron todo lo que tenía. Mi dinero, mi pasaporte, mi ropa…
Cuando entró en la habitación del hotel no pudo creer lo que veían sus ojos. Sólo había estado fuera diez minutos, y en aquel espacio de tiempo le habían robado todas sus pertenencias. Supuso que el ladrón habría entrado por el balcón, que estaba abierto.
Furiosa, corrió escaleras abajo hacia la recepción para denunciar lo sucedido. El director del establecimiento se mostró muy comprensivo, pero dejó bien claro que no podía presentar ninguna reclamación contra el hotel.
—Debería haber cerrado el balcón antes de salir —dijo—. Informaremos a las autoridades, pero temo que haya pocas esperanzas de que recobre lo perdido. Aunque estoy seguro de que dispondrá de un seguro para este tipo de contingencias.
Por desgracia, no estaba asegurada. Se alejó del mostrador de recepción, desesperada. Con el dinero que tenía en el bolsillo ni siquiera podría comer. Y no podía regresar a Buenos Aires sin el billete de avión. Ni siquiera tenía amigos en Buenos Aires que pudieran enviarle dinero. Deprimida, salió del hotel y se quedó parada en la calle, sin saber qué hacer.
—No han sido de gran ayuda, ¿verdad? —preguntó una voz—. Perdóneme, pero no he podido evitar escuchar su conversación.
Lali se volvió y observó a un hombre de mediana edad que la había seguido. De manera instintiva, se puso en guardia. No parecía peligroso, pero tampoco se fiaba de él. Al menos, iba bien vestido. Tenía la apariencia de un típico aristócrata argentino de vacaciones, con chaqueta negra, pantalones de vestir, corbata con un pasador militar y una camisa blanca inmaculada. Un cuidado bigote y una sonrisa amigable iluminaban su cara.

Continuará...